Ciudadanía imaginaria

Por Óscar Cuevas

Son unos hijos de la chingada. ¿Ya viste cuánto dinero les van a dar a los partidos políticos?. Pregunta un usuario del sistema de transporte colectivo metro a otro. Su indignación es compartida por quienes le acompañan. Acto seguido empujan con todas sus fuerzas para lograr ascender al vagón, como todos los días, en hora pico.

Llegarán a sus oficios a realizar exactamente las mismas actividades que han hecho durante años o generaciones. Su indignación pasa en cuanto suben al metro y comienzan a reír con las insufribles ilustraciones de los periódicos amarillistas. México y su clase obrera, la misma que ha sido explotada desde que este país se conformó.

La precariedad se encuentra en el aire, por todos lados: en el sistema de transporte colectivo reina la ineptitud y la mugre. El lodo y la pésima calidad del aire son respiradas por cada persona que sube a los andenes y toma este transporte para jodidos. Nos joden, desde hace siglos, los hijos de la chingada identificados por Paz seguimos estando por todos lados, tratando de sobrevivir.

Chingándonos el lomo más de ocho horas diarias por salarios de mierda, condiciones laborales paupérrimas, instrumentos de trabajo mediocres; y la indignación pasiva inunda las oficinas y las charlas de café. El rumor como pacto social Godín condimenta nuestras aburridas rutinas de cubículo. No nos preocupa que hayamos perdido nuestros derechos laborales, que gracias a la Reforma Laboral los más jóvenes no tendrán pensiones ni antigüedad laboral.

No nos preocupa que los partidos políticos reciban más dádivas por parte del INEpto sistema electoral mexicano, comandado por un articulista que dejó en Italia sus principios y valores con los que alguna vez impartió cátedra a jóvenes ávidos de aprendizaje.

El tema no es solamente el dinero sino la inexistente rendición de cuentas y el cinismo rampante en la clase politiquera mexicana. No hay que engañarnos más, la culpa es nuestra, por agachones, por ignorantes, por incultos. Por dejar que nos gobiernen los peores hombres como Javier Duarte, Enrique Peña Nieto o Layín. Por permitir que personajes deleznables como Carmen Salinas estén en el poder legislativo, desde donde se ufanan de su ignorancia y se inflaman con su vulgaridad. Un Java the Hut en San Lázaro.

El problema no son las leyes, sino su aplicación. Tú y yo, como ciudadanos mexicanos debemos vigilar a nuestros gobernantes y castigarles. Es imperativo que las consultas ciudadanas se inserten en nuestra cultura política, que las futuras alcaldías retumben con el clamor del pueblo mexicano.

El problema no es la política, sino los politiqueros que se hacen llamar funcionarios públicos. Mientra sigamos siendo indiferentes pagaremos el precio de ser gobernados por los peores hombres. Debemos actuar, tomar nuestros derechos y ejercerlos. Basta de PRIngaderas y PANdajadas. Participa, habla, vota. El responsable del futuro de México eres tú.

@CuevasO33

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