México: reconstruir la honestidad

Por Oscar Salazar.

32 años después, la ciudad se volvió a sacudir, derrumbes, personas atrapadas bajo los escombros y edificios con fallas estructurales; penosamente, el oportunismo mediático también se hizo presente, los medios de comunicación desinformaron a la población y se dedicaron a crear historias para ganar rating.

Pero qué necesidad, cantaba Juanga, a la mala, las televisoras nos recuerdan que lo más importante es la ganancia, el lucro, que las noticias falsas tienen un gran alcance, que no importa comprobar algo, siempre y cuando el rating suba.

Mientras tanto, los partidos políticos a regañadientes cedieron un porcentaje de sus ingresos para “ayudar a las víctimas” pero en letras chiquitas el PRI, promovía la privatización de la política al solicitarle al INE que, el financiamiento público fuera retirado a los partidos y estos, obtuvieran sus ingresos por medios privados.

El financiamiento público no detiene a los actores políticos para realizar actos de corrupción, negociaciones a puerta cerrada, enriquecerse de manera ilícita, volverse millonarios de un día para otro, ¿Se imagina ahora el descaro y cinismo cuando sean financiados solo por medios privados? Ya que el dinero que ingresara a sus arcas no sería público, ¿Qué obligación tendrían con la sociedad? ¿De qué manera se les solicitaría el rendir cuentas? Por supuesto, esta medida fue un golpe al aire para “demostrar” que los priistas “escuchan” el malestar social.

Desafortunadamente también, personas aprovechando el desconcierto y el caos, robaron tarjetas bancarias para vaciar las cuentas, cobraron seguros para su vivienda pese a no haber sufrido daños.

Algunas instituciones y empresas obligaron a sus trabajadores a regresar a laborar cuando las condiciones de los edificios no eran, ni son, adecuadas; demostrando la falta de sensibilidad y mentalidad esclavista de los jefes, trabajar hasta morir, parece ser su lema, parece que todos quieren un, Boxer, personaje de George Orwell en su obra, rebelión en la granja, que aún a punto de morir lo más importante para él, era el trabajo.

Constructoras se deslindaron de los edificios derrumbados, argumentando que era proyecto entregado, que las personas les habían firmado de recibido y por lo tanto ya no eran responsables de lo sucedido. Las autoridades autorizaron la construcción de edificios pero nunca los revisaron, ni supervisaron, y si lo llegaron a hacer la corrupción se hizo presente ¿quién puede dar por bueno un edificio armado con unicel?

Sin embargo, y pese a todo esto, la sociedad demostró que unida es imparable, que su fuerza y sus ganas de ayudar son más grandes que la pereza y la indiferencia.

 

 

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