Golden VIP ticket for The Golden Festival Concert placed on leather bag with backpacks and credit cards on wooden table

La cultura de la apariencia: conciertos caros, realidad barata

 Por Charles Gnomosky

Hace más de 20 años uno podía asistir a un concierto o algún festival de música por 300 pesos o menos de aquella época. Hoy en día, es casi un lujo pagar todo lo que conlleva estar presente en algún festival o concierto. No sólo es el boleto de entrada, el transporte, el taxi o Uber de regreso, el souvenir y recuerdo del evento, la comida y si uno bebe, pagar cervezas o tragos de casi $200 pesos o más.

Esta situación no sólo se debe a la inflación económica del país, la devaluación de nuestra moneda, sino las razones son multifactoriales. Más allá de la oferta y la demanda, como consumidores nos merecemos los mejores espectáculos en relación de precio-beneficio y en muchas ocasiones esto no pasa.  

No es sólo OCESA o Ticketmaster o alguna otra boletera decidiendo los altos costos, no. Es el conjunto de acciones en beneficio del capital y máximas ganancias para la industria del entretenimiento. Tarifas y comisiones excesivas de las boleteras por el simple hecho de vender los boletos. El auge de las “experiencias exclusivas” y los boletos VIP, además de una grave problemática con la reventa.

He sabido de casos de personas que ahorran todo un año para el gasto requiere ir a un festival de música. Vivir la experiencia y sacarle la “selfis” para el recuerdo y las publicaciones en redes sociodigitales para conseguir una validación externa. Idealización de “verse bien” y “estar presente” en el evento ante los otros, un espejo de una realidad distorsionada.

Lo que vemos hoy en día es que los conciertos se han convertido no sólo en un lujo, sino un estándar de división social. Quién puede y quién no puede asistir a dichos eventos. Quién puede postear una “selfi” del concierto y quién no. Para “ser” hay que “parecer” dice el viejo refrán, la cuestión es que el público sólo parece y no es.

Esto nos lleva a la cultura de la apariencia. Aparentar que uno “es” y puede pagar x o y producto y/o concierto. Con esto, poco a poco la música en los festivales y conciertos pasa a segundo plano. La música como pretexto para ser ser vistos y validados por los otros.

En la sociedad de consumo en la que nos encontramos, la cultura de la apariencia cada vez está más presente en los conciertos y festivales. Tendríamos que vivir más los conciertos y publicar menos “selfis”. Vivir el presente, vivir el momento aunque los conciertos sean caros en una realidad barata.

Puntuación: 3.5 de 5.

Deja un comentario