PRIngaderas y EPNdejadas

Por Óscar Cuevas

Terminó 2017 como el año más violento en la administración de Peña Nieto. El 2018 promete ser un año convulso entre las elecciones y la lucha contra el narco. Además de que el gobierno en turno parece estar más preocupado por la imagen que da al exterior y ha preferido censurar, por la vía legal, a los ciudadanos. Volvemos al 68. Pueblo, no nos abandones. 

El primer contacto que tuve con la violencia ocurrió a los 6 años. No fue dramático ni traumático. Sucedió por algo común: el lunch que preparaba mi abuela. Nada sofisticado: una torta de aguacate hecha para el primer día de escuela de su nieto. Recuerdo que un chico de tercer grado intentó arrebatármela. Y al no dejarme le metí una patada que había aprendido en la sesión de karate del sábado inmediato anterior.

Así, de un karatazo le gané al roba tortas de tercero. Al parecer, mi temprana pericia en las artes marciales no impresionó al Director, quien mandó llamar a mis padres. Me gané un día de suspensión por haber defendido el esfuerzo de mi abuela. Recuerdo levantarme tarde al día siguiente, mi abuela no me dirigía la palabra por ser un busca pleitos y no entendía qué estaba pasando.

Por la noche, mi madre me explicó que la violencia no debe ser un mecanismo de respuesta para la resolución de conflictos. Claramente, Peña nieto no tuvo madre que le explicara esta regla básica de convivencia. Como tampoco un asesor capaz de hacerle ver que la historia le recordará como lo que fue: un imbécil sentado en la silla presidencial.

Sin duda, el mexicano más agradecido con el gobierno de Peña Nieto es Fox Quezada, pues ya no será recordado como el peor presidente mexicano. Peña logró hacer peores declaraciones que el panista y terminar su mandato presidencial como el peor evaluado en la historia de nuestro país. Quique repitió lo que hizo durante su gestión en el Estado de México: prometió para no cumplir.

Tuvo oportunidades que un buen estadista hubiera aprovechado para pasar a la historia como un presidente conciliador, pero no supo aprovecharlas. Ayotzinapa fue el primer golpe devastador, que demostró que el gobierno peñista no solamente no sabe cómo manejar las crisis mediáticas, sino también la absoluta falta de empatía para con las víctimas de la violencia y sus sobrevivientes.

A pesar de haber logrado el Pacto por México, el gobierno peñista tendrá que pasar a la historia como el que no logró dar resultados con sus reformas estructurales. Es cierto que en todos los casos son proyectos a largo plazo, que no pueden solucionar problemas históricos en seis años; pero también es cierto que el gobierno de Peña sigue sin escuchar a los jodidos. Ni la reforma energética ni la educativa toman en cuenta las condiciones socio-histórico-económicas de las diversas entidades federativas, ni las abigarradas costumbres adquiridas por cada una de ellas en un proceso educativo que siempre ha tenido falencias importantes.

La constante contradicción entre el discurso de Peña Nieto y los hechos podrán costarle al Revolucionario Institucional nada menos que la silla presidencial. Al momento de escribir estas líneas, la Coalición por la Transa, formada por el PRI, PVEM y PANAL va en tercer lugar de las preferencias electorales; además de enfrentarse a otro escándalo de corrupción en plenas precampañas.

Si la población no hubiera tenido suficiente sabiendo de la Casa Blanca, los departamentos de Videgaray o los sobornos obtenidos por diversas empresas constructoras que hicieron negocio con el grupo de Peña durante sus administraciones; ahora se destapa la triangulación de una buena cantidad de dinero desde las arcas de las dependencias hacia las campañas del PRI, de la misma manera que lo hacían en los años cuarenta.

Además de la incapacidad de llevar a buen puerto sus propuestas, ni de saber cabildear con los otros partidos políticos, el Revolucionario Institucional ha demostrado ser incapaz para llevar a rendir cuentas a quienes cometen crímenes contra los pobladores. Las constantes fugas del Chapo pusieron en evidencia lo inútil del sistema de procuración de justicia y la ineficacia de las instituciones encargadas de salvaguardar nuestra seguridad.

Es evidente que ni los militares ni las policías han logrado frenar el avance del narcotráfico. ¿Cómo puede un gobierno sumiso y agachón enfrentar a organizaciones delincuenciales sin escrúpulos? Por si esto fuera poco, el gobierno de Peña ha demostrado ser incapaz de negociar con un narcisista mitómano, que quiere imponer sus reglas como si estuviera jugando monopoli con sus hermanos menores.

Además de ser incapaz de resolver el alarmante problema de la violencia, el gobierno de Peña Nieto ha mal interpretado las causas de la misma, pues dirige su mirada hacia la ciudadanía con programas como Pegasus que se dedica a espiar a ciudadanos como Carmen Aristegui, por el solo crimen de hacer periodismo de verdad. Además de contar con este programa, que ahora se enlaza muy bien con la Ley de Seguridad Interior, que, dicho por varias organizaciones internacionales y nacionales expertas en el tema, viola los derechos humanos de la ciudadanía mexicana; pretende ahora censurar a quienes se atrevan a alzar la voz contra el paupérrimo trabajo que realizan nuestros legisladores.

Para muestra tenemos la conversación entre uno de los tantos moralinos panistas y Gael García, si bien es cierto que Gael no es un experto en la hechura legislativa, también lo es, como lo mencionaba Diego Luna, que, como ciudadano, tiene el derecho inalienable a expresarse libremente sin ser censurado ni vilipendiado por un sujeto que forma parte de una de las cámaras.

Queda claro que la Ley Mordaza y la de Seguridad Interior no buscan garantizar el ejercicio libre de los derechos políticos de la ciudadanía; al contrario, atentan directamente contra la piedra fundacional de la democracia: el consenso entre iguales. El gobierno de Peña Nieto demostró que el Revolucionario Institucional no sabe gobernar ni para arriba ni para abajo.

El gabinete de Peña Nieto fue incapaz de cabildear un acuerdo económico conveniente para México con Donaldo Trompas. Y cuando Trudeau visitó nuestro país, las legisladoras dejaron el protocolo en las oficinas para lanzarse como adolescentes en celo en brazos del mandatario canadiense. Además de los constantes tropezones y ridículos de Peña en reuniones importantes que dejan mal parada la figura presidencial nacional. El gabinete presidencial volvió a los cuarentas, regresó al entreguismo nacional y a la herencia vende patrias.

Para abajo tampoco supo gobernar. Seguimos esperando que nos diga qué pasó con los 43 y con todos los demás muertos, incluyendo las mujeres asesinadas y violentadas. Queremos saber por qué asesinan periodistas, y sobre todo, por qué estos asesinatos quedan impunes. Si después del peor gobierno priísta tenemos a Meade como presidente en 2018, será verdad lo que alguna vez dijo un griego: la democracia es el gobierno de los imbéciles.

@CuevasO33

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