Pegasus, crónica de una historia que ya conocíamos

Por Susana Silva

El espionaje por parte del Estado Mexicano hacia sus ciudadanos connota, por lo menos, dos grandes síntomas: uno, la nula intención de diálogo del actual gobierno federal y dos, la desconfianza que reina dentro de la sociedad mexicana, ya sea desde la ciudadanía hacia el gobierno, como de éste hacia aquéllos. 

En días pasados, una noticia de un periódico internacional conmocionó los medios de comunicación nacionales y nos recordó algo que ya sabíamos y no sólo por las historias fantásticas: Nos vigilan.

Hace algún tiempo ya nos había puesto a pensar el uso de “Plataforma México” en el ámbito de seguridad, esa base de datos omnipresente, capaz de ofrecer información relevante de una persona y sus redes (sociales e interpersonales), a través del uso de información que debía ser privada.

Mientras en algunos países, se empieza a legislar el derecho al olvido, nosotros estamos ante una situación de vulnerabilidad por la laxitud en la materia y en el uso que un gobierno, no sólo un presidente, siniestro; ha aprovechado para fines no del todo claros. Una cosa es vigilar a la población desde la información disponible en las bases de datos gubernamentales y usarlas con fines de seguridad pública, a dar el salto de adquirir un programa especializado de espionaje para invadir (por decirlo de manera decente), la vida privada de personas que pueden representar, en un sistema tan dañado como el nuestro, enemigos para sus intereses.

Ante la indignación que un caso como éste nos causa a un sector no pequeño de la población, que consideramos que las instituciones gubernamentales deben tener claro que la vida privada de las personas no es un privilegio, más bien un derecho; también podríamos pensar en formular algunas preguntas: ¿Cómo es posible que recursos públicos sean utilizados para vigilar la vida personal de ciudadanos? ¿Cuál es la amenaza de seguridad nacional que éstas personas representan para la sociedad mexicana? Porque está claro que para el gobierno lo son, pero para nosotros, ciudadanos comunes que colaboramos para que se pagara ese software y no estamos de acuerdo en cómo se usa.

Ya sabíamos que somos vigilados en muchos ámbitos de nuestra vida, estamos siendo observados por los memes y notas que compartimos y leemos en nuestras redes sociales, a eso nos exponemos al hacer uso de esas plataformas en ésta era de comunicación e información digital; sin embargo, la forma en que se ha utilizado el poder de la información personal, para fines terribles, como el acecho a ciudadanos, sólo refleja la debilidad de un sistema podrido por dentro, incapaz de aceptar que hay límites.

El uso de un programa intrusivo, no sólo refleja el resquebrajamiento que un sistema deslegitimado y carente de legalidad, al que le es necesario incurrir en prácticas poco éticas, es también la muestra de una sociedad que se encuentra en la absoluta vulnerabilidad ante un aparato que siempre ha usado su poder, para hacer uso de la información a su favor (las veces que le haya funcionado). Personificar a cada uno de los involucrados, tal vez, sería perder de vista que todos podemos ser la mejor periodista del país, un líder social, o una persona común que podría ser de nuestra familia, la que está en una situación de indefensión ante una situación, que desconoce absolutamente y en la que puede caer al abrir un mensaje en su celular.

@susarania

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