Contrademocracia en México

Por Óscar Cuevas

En el México de #NosEstánMatandoATodos, es imprescindible una alianza entre los ciudadanos, que permita blindar los puestos de representación popular contra el narcotráfico, la corrupción y el tráfico de influencias. El camino que nos queda es la contrademocracia

Desde el gobierno, desde la Constitución, es necesaria la implantación de nuevos mecanismos administrativos, que generen confianza en el ciudadano, ya que esta funciona como un economizador institucional, que permite ahorrarse todo un conjunto de mecanismos de verificación y prueba.

Uno de los elementos que puede favorecer al incremento de la confianza es la creación de organismos que sólo valoren y validen las acciones del gobierno pero mantengan entre sus filas empleados que no tengan relación alguna al interior del aparato gubernamental. De la misma manera, dichas organizaciones deben asegurar la rotación de sus funcionarios para evitar la formación de clientelas políticas.

Así pues, al margen del organismo gubernamental, es necesaria la creación de una contrademocracia, que sería un elemento para poder contrarrestar lo que se conoce como entropía representativa, es decir, la degradación entre representantes y representados. Si bien es cierto que esta figura se forma desde fuera del poder público, puede incentivarse desde adentro con mecanismos como en referéndum y el plebiscito.

Así pues, la contrademocracia permitiría la multiplicación de los mecanismos de sanción y de obstrucción al libre ejercicio del poder y la constitución de elementos legitimadores y represores de la opinión publicada. Dicha contrademocracia no puede funcionar sin un pueblo que se convierta a la vez en juez y vigilante de sus servidores públicos.

Es necesario entonces plasmar desde la Constitución la democracia de expresión, de implicación y de intervención en la construcción y aplicación de la agenda de gobierno. Lo que hace falta a los ciudadanos de nuestra ciudad es la toma de palabra, es la formación de un sentimiento colectivo; hace falta que los ciudadanos encontremos los mecanismos y los medios, ajenos al gobierno, para construir ese mundo común, que tendría como resultado el imaginario colectivo que busca obtener un resultado determinado.

Es importante entonces, crear en la Ciudad de México, por parte de los ciudadanos una vigilancia de regulación, entendida como el ejercicio casi cotidiano de evaluación del actuar de las figuras públicas; dicha actitud debe de estar promovida y esclarecida en la Constitución.

Mientras la vigilancia sirve como un elemento de estandarización del deber actuar de los gobernantes; la denuncia funciona como un efecto de institución que conduce a afirmar y profundizar los valores aceptados por la colectividad. Es por medio de la denuncia que la confianza y el prestigio de un actor político pueden ser destruidos. La denuncia es un elemento fundamental que debe existir desde la ciudadanía para evitar ser gobernados por personajes que busquen el interés personal y abusen de las lagunas legales en su beneficio.

México tiene una oportunidad única para plasmar en la Constitución una democracia de proximidad, es decir, de la creación de un diálogo abierto, regular y transparente con las asociaciones representativas y la sociedad civil. Los constituyentes, deben exigir y plasmar en el Magno Instrumento, que las personas servidoras públicas transparenten sus decisiones y motivos que provoquen tomar dicha decisión.

Es necesario pues, aceptar que ni el orden civil emula a la naturaleza, ni el orden político cumplirá el sentido de la Historia. El primer paso es, desde adentro, reformular las relaciones de poder del aparato gubernamental, apostando por un verdadero equilibrio de poderes. Y desde afuera, el ciudadano inexistente debe despertar de su letargo por medio de la publicación de la política; es decir, debemos retomar las viejas costumbres que hacían del quehacer político algo común a todos los ciudadanos.

Resulta primordial para lograr la construcción de una Constitución adecuada y sobretodo, hacer de su aplicación un ejemplo; despertar a la ciudadanía adormilada, mediante la crítica constante del ejercicio del poder público. Es necesario dejar de usar como sinónimos la lejanía y la representación. Necesitamos que la Constitución Mexicana represente los deseos y anticipe las necesidades del pueblo.

Es gracias a esta representatividad que el ciudadano tiene el derecho a exigir de sus gobernantes una administración que sea capaz de responder a sus demandas. La representatividad otorga directamente al ciudadano la obligación de velar por los intereses de la comunidad mediante la vigilancia constante de la función pública.

En la Ciudad de México, resulta urgente una educación política a los ciudadanos desde las bases. Esto con la intención de acostumbrar a la población a involucrarse en los asuntos públicos cotidianos. En un mundo que se rige por el individualismo, el consumismo y la afición por el presente; es necesario reivindicar los planes a largo plazo, las nociones de comunicad y fraternidad, así como hacer hincapié en la subjetivación del sujeto.

Ya que solamente se podrá hablar de política, cuando los ciudadanos comprendan que las verdaderas decisiones políticas nacen de la comprensión de los valores sociales, del escrutinio de los mismos, para reconocer sus falencias, sus anacronismos y sus incongruencias; y poder adaptar dichos valores a las nuevas condiciones sociales.

En este sentido, el cambio en el terreno político resulta un elemento de vital importancia para el éxito de la interrelación entre los ciudadanos y el gobierno. Así pues, podemos concluir, que en una ciudad como la nuestra resulta impostergable una transformación, tanto en las relaciones inter e intragubernamentales, tanto como las que se dan entre los ciudadanos y los distintos mecanismos que posee la administración pública para relacionarse con los ciudadanos.

La Constitución Política de la Ciudad de México debe lograr ir de estas conductas contrademocráticas que ocurren más allá del sistema político a la participación ciudadana institucionalizada. A propósito del Brexit, tomaré un párrafo del Tratado Constitucional de la Unión Europea, en donde se define a la democracia participativa como un diálogo abierto, transparente y regular con las asociaciones representativas y la sociedad civil.

Si la Constitución tiene un objetivo, es precisamente fomentar la democracia participativa para pasar de la democracia electoral a la gobernanza democrática. Actualmente, un poder público solamente es justificado si se somete a un escrutinio constante. La Constitución debe ser el pretexto para involucrar más a los ciudadanos de México, de lo contrario pagaremos el precio ya mencionado por Platón. El precio de desentenderse de la política, es ser gobernado por los peores hombres.

@CuevasO33

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