1871: Fraude electoral, notas pagadas y líneas editoriales

Por Óscar Cuevas

Hoy, de los problemas que tiene la sociedad mexicana es la corrupción el más grande de todos. La corrupción de ha insertado, tanto en las grandes esferas del poder, como en los pequeños espacios cotidianos de los ciudadanos. Dentro de una democracia, este mal no es menor, pues tiene consecuencias terribles, tanto a nivel de repartición de la riqueza, como en el plano de la equidad e igualdad de oportunidades.

El amiguismo, el compadrazgo, la cuatitud; forman parte de los códigos no escritos que son aceptados por la clase de politiqueros mexicanos, esos que deben esconderse a la clase política: el otro polo que quiere transformar las relaciones de poder, la herencia burocrática y que pugna por la transparencia y la rendición de cuentas.

En México, la participación ciudadana se encuentra apenas en formación. Poco a poco los ciudadanos y ciudadanas de nuestro país comienzan a tomar un rol más participativo, tanto fuera como dentro de las instituciones que forman parte de la esfera en la cual se toman las decisiones. En democracia, un valor fundamental es el de la representación, que deriva de la democracia electoral, en sus versiones directas o indirectas.

La representación encuentra su punto más álgido durante las elecciones democráticas; desafortunadamente, en México, la transa y la compra de votos; así como el clientelismo y los muertos vivientes, son prácticas comunes y repetidas en cada proceso electoral. Muy a pesar del Instituto Nacional Electoral y la Organización de las Naciones Unidas y su metodología de seguimiento a las mismas, partidos políticos y candidatos siguen encontrando espacios para burlar la ley y re-presentar su triunfo electoral.

Dichas prácticas pueden rastrearse hasta la primera elección presidencial de nuestro maltratado país. Desafortunadamente, si se recurre a la investigación documental, se pueden encontrar muestras fehacientes de tales conductas. Durante 1867, distintos periódicos, cada uno comprado o fundado por un candidato u otro; escribían en sus páginas que la elección había sido un fiasco, un juego, una manipulación.

El triunfo de Juárez fue declarado por sus partidarios como “la voluntad del pueblo”, sin embargo, dicha voluntad había sido creada mediante engaños, acarreos y amenazas. Cosa que se repetiría en la contienda por la presidencia de 1871. Tanto Juárez como Díaz recurrieron a la fundación de periódicos que tenían una línea ya establecida por los candidatos.

Así, La Paz y El Federalista se declararon juaristas; El Mensajero, El Ferrocarril, El Correo del Comercio y El Padre Cobos, porfiristas. Por su parte, El Monitor Republicano apoyó la reelección de Juárez, mientras que La Revista Universal y La Voz de México (de tendencia conservadora) estuvieron detrás de la candidatura de Lerdo.[1]

Nuevamente, los periódicos discurrían sobre el destino que debía seguir la nación, proponiendo los proyectos de gobierno de Díaz y Juárez como la mejor solución, hablándole a una inexistente ciudadanía madura dentro de la población de aquellos tiempos. La elección fue un juego de ajedrez entre Juárez y Díaz, quienes se movían dentro de sus respectivos círculos para incrementar su grado de influencia y ampliar su músculo político.

Desde finales de 1870 había comenzado a correr el rumor de que serían tres los candidatos que contenderían por la presidencia: Juárez, Díaz y Lerdo de Tejada. Cabe mencionar que el tercero había sido secretario de Relaciones Exteriores durante la pasada administración y era el hombre más cercano a Benito Juárez, por lo que su candidatura se consideraba una broma, un satélite del ala juarista. ¿Le suena familiar querido lector?

De esta manera, la candidatura de Lerdo perdió fuerza en la gran mayoría de los medios escritos de la época, quienes centraban sus coberturas solamente en dos de los candidatos a la presidencia; justo como se hace ahora en los distintos medios masivos de información.  En aquella época, las elecciones del 25 de junio de 1871 quedaron registradas en los periódicos de la época, como un día lúgubre para la naciente democracia mexicana.

Tanto El Siglo Diez y Nueve, como El Mensajero coincidían en el uso de la fuerza por parte del estado, representado por Juárez, como el mecanismo que había utilizado éste para asegurar su elección. El primero afirmó que las alturas estaban tomadas, las calles de la ciudad eran recorridas por patrullas. La Ley Electoral había sido falseada en todas partes; la fuerza armada que debía permanecer en sus cuarteles había recorrido la población, amedrentando al pueblo con su presencia.[2]

Mientras el segundo informaba que la violencia, la fuerza y el abuso de autoridad son los elementos que se han puesto en juego, dizque para triunfar en las elecciones primarias: la capital de la República ha representado ayer el calvario del sufragio libre.[3] Así quedaba constancia en la prensa escrita de lo que había sucedido: el fraude electoral había sido utilizado por Juárez para asegurar su victoria y poder implementar lo que para él era el único proyecto de nación viable.

El personalismo era el camino seguido, una vez más, por los politiqueros para imponer su proyecto a un pueblo ignorante, desorganizado y empobrecido. Por su parte, Díaz seguía empecinado con ser el presidente legítimo y organizó una revuelta para conseguir llegar al potro de los tormentos. No sin antes afirmar que el poco apoyo obtenido en las urnas era debido a una sucia jugada por parte del ala lerdista.

Ante la derrota electoral y convencidos de tener el legítimo derecho a suceder a Juárez, Díaz organiza una sublevación que será sorprendida por la muerte del recién electo presidente acaecida seis meses después de “ganar” la presidencia. Después del fraude electoral y resultado de los acomodos posteriores a la elección, Lerdo, como presidente de la Suprema Corte de Justicia, sería quien tomaría brevemente las riendas de México.

Ante el clima de incertidumbre que imperaba, Lerdo decide convocar a elecciones nuevamente, esta vez la pugna sería entre el mismo Lerdo y Díaz; a pesar de que se seguían repitiendo las mismas conductas deshonestas, coincido con el análisis de Pi-Suñer y concluyo con ella que la elección democrática de 1871 fue, después de todo, la que más se acercó a las contiendas democráticas modernas en cuanto a que los debates en la prensa y en la tribuna lograron que el número de electores que acudieron a votar fuera mucho mayor[4].

Y me gustaría agregar que esos electores, tampoco contaban con información adecuada ni con una cobertura mediática imparcial. La gran masa de votantes era comprada y acarreada a las urnas, con promesas parecidas a las que hoy se utilizan en pleno 2017.

@CuevasO33

[1] Pi-Suñer Llorens, Antonia (2012) La contienda por la presidencia en 1871 y la elección de Sebastián Lerdo de Tejada de 1872 en Candidatos, campañas y elecciones presidenciales en México. De la República Restaurada al México de la alternancia: 1867-20016. Pág. 54. México. Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Investigaciones Sociales.

[2] El Siglo Diez y Nueve, 27 de junio de 1871; citado en Ibid. Pág. 67.

[3] El Mensajero, 27 de junio de 1871. Ibidem.

[4] Pi-Suñer Llorens, Antonia (2012) La contienda por la presidencia en 1871 y la elección de Sebastián Lerdo de Tejada de 1872 en Candidatos, campañas y elecciones presidenciales en México. De la República Restaurada al México de la alternancia: 1867-20016. Pág. 78. México. Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Investigaciones Sociales.

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