Crisis de identidad, representatividad y el circo

Por Pablo Manrique

El otro día perdí mi cartera en la Cineteca y no me la regresaron. No tenía mucho dinero; sólo algunas credenciales. Me resigné casi inmediatamente cuando al día siguiente en el área de objetos perdidos me dijeron que no habían encontrado nada. Pero qué poca madre. ¿Quiénes somos que hacemos cosas así?

Cuando caminamos por nuestras ciudades y vemos infraestructura, edificios, calles, luz y otros servicios, a veces lo damos todo por hecho. A algunos nos maravillan las pirámides. A otros los edificios. Otros no tienen tiempo. Esa es la clave de todo. Veo gente que tira basura en la calle y me siento como un exagerado pensando que son unos traidores a la patria, a la urbe. Quizás también es un engaño, porque la basura sólo se mueve; casi nunca se elimina, o se rehúsa.

He notado que en el metro de la Ciudad de México —que subió de dos a 5 pesos y perdió la mitad de su flamante línea nueva dos meses después de la imposición del aumento — ya no hay basureros. No es fácil sentirse parte de algo, y menos de una entidad monstruosa que parece a veces alimentarnos con el producto de la succión de nuestra propia sangre.

Estamos inmersos en el presente absoluto. Pensar en el fin del petróleo o en la pérdida del empleo parece una película de ciencia ficción o de terror. ¿Qué nos representa? A juzgar por las pláticas que tengo en la calle, nada nos representa más que el fútbol y la desesperanza y la resignación.

¿Existe la identidad nacional verdadera? Yo creo que sí, pero es trágicamente esclava de la experiencia individual. Es decir que, en la situación actual de miseria, descomposición, desempleo, o empleo mal pagado, la experiencia nacional nos invita a salir corriendo al engañoso cielo del primer mundo, a aguantar estoicamente una afrenta tras otra agachando la cabeza, entristeciendo. Para otros la opción es enfurecer y pelear.

En el fútbol le decimos “putos” a los adversarios para denostarlos. Hablamos como estrategas, organizadores, informados pero con un curioso sentido de la justicia y el orden. Nos encanta la mano de dios de Maradona ,aunque sea una violación flagrante a las reglas de un juego en sí mismo bastante simplón, pero nos indigna el clavado de un Europeo para reclamar una falta en su favor. Es posible que sigamos atorados en un estúpido complejo de inferioridad basado en nuestro profundo racismo, machismo, homofobia e ignorancia. ¿Quién nos puede ayudar?

No se puede culpar al gobierno ni al presidente. Son figuras casi inalcanzables, como si estuvieran en otro nivel de conciencia y tuvieran que dedicar toda su energía a un arte oculto de alabar a los dioses del dinero para mantenernos a salvo. Administran algo. No se sabe bien qué. No se entiende qué función tienen. “Los políticos,” candidatos como les llamamos a los que no han sido elegidos, tampoco tienen ningún significado real en el mapa de acción que dibujamos las mentes pragmáticas. Son un gremio de rateros que, en frente de todos, se llevan el dinero de los impuestos, y todos se los permitimos como si fueran nuestros hijos con problemas de actitud.

Ante este caos producto de la presión y la falta de oportunidad, la autoridad recurre al control por medio de las policías. Así, mientras miles de usuarios de la línea 12 del metro se siguen teniendo que mover en autobuses, el servicio en general no ha mejorado. Los vagoneros siguen en la línea 2 trabajando de manera furtiva, jugando al gato y al ratón con la Policía Bancaria Industrial.

Concretamente en el caso de Michoacán, un estado brutalmente rico en recursos naturales — donde no todo es aguacate— los responsables política y operativamente de la captura del famoso nuevo caudillo de la justicia nacionalista, el doctor Mireles, están mandando un mensaje muy claro: el control es nuestro, y lo vamos a mantener a toda costa.

La Tuta y los templarios siguen operando, y los que se han levantado para resistir, tienen que negociar con el gobierno, integrarse a una Policía Rural, o ir presos y ser rapados.

A propósito de las policías y para darnos una idea de a dónde se puede llegar cuando se les empodera demasiado, una vez más, como el buen conquistado cultural que soy, me iré al recurso fácil: hablar de E.U.A. que es el referente moral supuestamente más alto al que se remiten en mi círculo . Existe el mito de que las policías “allá” son honestas. Yo me acuerdo de eso cuando era joven, y esta idea absurda de que un policía estadounidense es incorruptible.

Una rápida búsqueda resulta en cientos de videos donde vemos a policías estadounidenses golpeando o disparándole a ciudadanos, e incluso ejecutando perros bajo el argumento de estar ellos en peligro. No se nos puede olvidar que los policías también son personas, sienten miedo y cometen estupideces.

No es que antes no pasara y ahora sí. Ahora hay más cámaras que pueden registrar estos eventos y como consecuencia, el miedo de la población y el cinismo de las policías aumenta exponencialmente.

En la Ciudad de México, el gobierno que los ilusos elegimos por traer bandera del PRD, el cual alguna vez pareció ser de izquierda, opera en contra de la población más vulnerable con flagrancia y cinismo insultantes. Permiten marchas y caravanas ridículas como la del “sí al circo con animales,” en la que se podían leer pancartas y escuchar voceros argumentando que el Partido Verde sólo quería quitarle curules al PRD con las leyes que prohíben utilizar animales en los circos.

También permiten libre tránsito a caravanas escandalosas de autos, motocicletas, bicis y peatones que celebran el triunfo de su selección de fútbol. El absurdo hoy no circula sabatino ha generado protestas cuyo volumen va en crecimiento. En contraste, el gobierno de Miguel Ángel Mancera ha respondido a ellas con cuadrillas de granaderos, encapsulamientos, jaloneos y decomisos de autos con todo y familia adentro.

Brenda Magali, la policía que atropelló a un ciclista a finales de Junio de 2014 finalmente salió libre.

Qué mensaje tan interesante. Es comprensible la protesta de un gremio por su derecho a utilizar animales indefensos para dar un espectáculo, pero los inconscientes ecocidas que no pueden comprar carros último modelo deben ser controlados. La corrupción en verificentros es, desde esta peculiar perspectiva, sólo una leyenda. Una policía que atropella a un ciclista en circunstancias sospechosas, quizás involucrando alcohol, sale libre.

Es evidente que hay una porción de la sociedad que no tiene huevos, y que necesita demostrar su superioridad a golpes; imponer la fuerza a una criatura débil, o debilitada, deliberadamente mal alimentada o empobrecida.

Parece, pues,  que vivimos en un circo y poco a poco los animales vamos siendo las personas, que entre menos dinero tienen, más mal la pasan.

Pensaba el otro día en la similitud entre el mundial de fútbol y la lucha libre. Se supone que el deporte es un escenario de juego, de ensayo de las rivalidades y emulador de las guerras pero sin muerte; con honor y justicia. Es preocupante que en la realidad pongamos nuestra fe y energía, y basemos nuestra unidad nacional casi exclusivamente en un espectáculo que, por lo menos en el caso de la lucha libre es franco en cuanto su naturaleza: todos sabemos que es sólo eso, un espectáculo montado. ¿Y el fut?

Mientras todos estos problemas se desarrollan, el nuevo y paradójico innombrable, López Obrador, sigue calculando y catalizando la energía y descontento de un amplio sector hacia la esperanza partidista. Ahí, otro receptor de una venenosa fe ciega, casi religiosa que aturde a nuestra nación.

Conocí Mérida hace un par de meses. Es una ciudad hermosa. La vida era bella. Pude viajar. Ahora estoy esperando un cheque de pago que apenas alcanza. No tengo seguro ni vacaciones. Ojalá no me accidente, porque ese es otro asunto: la guerra contra los servicios médicos públicos, y contra los médicos que trabajan en condiciones miserables, mientras los funcionarios los avientan a las vías, con los pacientes enredados entre las batas y los estetoscopios. Parece increíble que con todo esto no se genere una masa crítica de descontento organizado. Pero quizás así es México: un reino unido por la fe donde los súbditos aislados y contentos agradecen a sus señores un día más de vida.

@anarcopop

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