¿Conviene tener más partidos políticos?

La democracia de un estado no se mide en cómo trate a sus seguidores,

sino cómo trata a sus adversarios.

Daniel Arzola

Por Óscar Cuevas

El sistema de partidos ha sido un tema de constante discusión en México. A diferencia de países, como Estados Unidos, en donde solamente participan dos partidos políticos en las elecciones y se permite la participación de dinero privado dentro de las campañas políticas; en nuestro país nos enfrentamos a un sistema multipartidista, por lo menos en la forma.

México es una de las sociedades más diversas a nivel mundial. Su metrópoli más importante, la Ciudad de México, es testimonio vivo de la gran variedad de expresiones culturales, artísticas y políticas que conviven dentro de la “ciudad monstruo”.

Si tomamos como cierta esta suposición, ¿por qué deberían existir solamente dos o tres partidos que aglutinen a toda esta diversidad? ¿Es posible? ¿Cómo articular una estructura programática que considere a todas las visiones? ¿Es plausible armar un programa de gobierno que dé respuesta a cada una de las demandas de la ciudadanía?

La respuesta, evidentemente, es negativa. México ya lo vivió. Su régimen partidista se ha transformado a lo largo de la historia. Transitamos de un sistema de partido hegemónico a la transición votada. Del Maximato a las dos administraciones blanquiazules. Sin embargo, como ocurre en todos los países, dichas transiciones no han logrado transformar el modo de vida de miles de mexicanos que viven en la pobreza. ¿Por qué?

Debido a, por lo menos, tres factores fundamentales: la cooptación de líderes sociales, la complicada maraña burocrática y la omnipresente corrupción. Si por un lado se nos habla de participación ciudadana por otro se coopta a las organizaciones que quieren participar. Si en un micrófono se habla del adelgazamiento del estado, en términos reales, la ineptitud sigue siendo una marca de las burocracias en las distintas oficinas gubernamentales. Mientras se nos asegura en campaña que se será implacable contra la corrupción, en los hechos de premia a los tramposos y se coloca a perfiles inadecuados al frente de importantes instituciones educativas y científicas.

Las elecciones de 2018 dejaron una interesante lección para los dirigentes de los partidos políticos: solamente uno podrá sobrevivir por sí mismo: Morena, quien fue el gran vencedor de las elecciones más grandes de la historia. Otro partido que salió beneficiado de su alianza electoral fue el del Trabajo, quien pasó de estar casi muerto a ocupar, antes de los movimientos parlamentarios, el tercer lugar de representación en San Lázaro.

Caso contrario fueron los de Nueva Alianza y Encuentro Social. Mientras el primero ha dejado ya de ser Partido Político Nacional; el segundo todavía, a pesar de las claras evidencias de no haber sido favorecidos por el voto del electorado, sigue manteniendo su impugnación y las esperanzas de volver a la vida.

El alegato de Encuentro Social es, que los votos en las pasadas elecciones fueron mal contabilizados, situación que es inexacta; como lo es el argumento de que los diversos cargos públicos que ahora detentan son voluntad del electorado. Argumento falaz, pues la gran mayoría de los puestos que ocupa ahora Encuentro Social son resultado del voto que obtuvo su gran aliado en las elecciones: Morena. Basta revisar el acuerdo de coalición para ver que varios de los cargos que ahora tiene Encuentro Social fueron negociados con Morena o el PT durante la elección.

Tan es así que ya planean un plan B para seguir viviendo del dinero público: el Partido Encuentro Solidario ya tiene luz verde para buscar convertirse en otro partido político, una especie de PES reloaded, que tendrá la complicada misión de reconstruir lealtades, respetar acuerdos y convencer a la gran mayoría de ciudadanos que sus posturas del siglo pasado siguen vigentes.

Actualmente, el único partido político que está afianzado en la esfera del poder es Morena. Todos los demás, incluyendo el PRI, se encuentran en un proceso de reconformación, ajuste, diagnóstico y reinvención. Si bien el Revolucionario Institucional ha dejado de lado la atinadísima idea de reinventarse, apostando por su historia, tendrá que nadar contracorriente para poder colocarse como el rey del poder político nacional.

Los demás partidos que ahora forman parte de la oposición están en una posición desfavorable. Acción Nacional, al igual que el PES y el PRD, sufrió grandes fracturas como resultado de las últimas elecciones. Recordemos la salida de Margarita, que se afianzó con la creación de su nuevo partido político: México Libre o los problemas internos que generaron las risibles elecciones internas con un único candidato a la terna presidencial: Ricardo Anaya.

Del Sol Azteca ni hablemos, pues ya han anunciado su pronta e inminente disolución. Parece ser que la desbandada en San Lázaro terminó por derramar el vaso, quienes fueron responsables de inflar a Andrés Manuel López Obrador, ahora no disfrutarán del triunfo del que fue, en dos ocasiones, su candidato a la Presidencia de la República.

Quienes parecen haber tomado más fuerza son los de Movimiento Ciudadano, que, calladitos y con una estrategia de marketing basada en productos comerciales y cancioncitas con punch, han logrado, poco a poco, mantenerse; aunque su crecimiento es muy lento y podría estar amenazado por las nuevas opciones partidistas, como Vamos Juntos.

Por su parte, el Partido Verde sigue siendo el cómplice favorito del PRI, situación que no le ha generado un posicionamiento adecuado dentro de los ciudadanos, quienes los ven como una sucursal del Revolucionario Institucional, un partido carente de agenda propia ni de liderazgos independientes, que, de no pensar en una estrategia distinta, no sobrevivirán a las próximas elecciones.

Es necesario tomar en cuenta que, las elecciones de 2021 presentarán un fenómeno muy interesante: la atomización del voto. Debemos considerar que podrían participar más de una decena de partidos políticos nacionales: los que ya están: Morena, PAN, PRI, PT, MC, PVEM; más los partidos de nueva creación: PES (Encuentro Solidario), México Libre, Vamos Juntos, Redes Sociales Progresistas, Partido México (Ex Nueva Alianza), y algún otro que pueda llegar a colarse, como Gente en Movimiento o Partido Impulso Mexicano.

Recordemos que, de no haber cambios en la presente legislación en la materia, los nuevos partidos no podrían ir en coalición, así que las posibles alianzas podrían quedar: PRI-PVEM, Morena-PT, PAN-MC, aunque esta última podría cambiar, si MC hace honor a su ADN político y se suma a Morena y PT. Además de todas las nuevas opciones políticas, que serían, por lo menos, cinco: Vamos Juntos, México Libre, Redes Sociales Progresistas, Partido México (ex Nueva Alianza) y Partido Encuentro Solidario (ex Encuentro Social).

Además de las opciones partidistas, están las candidaturas independientes, quienes podrían también decidir el futuro de los partidos políticos, como le sucedió a Nueva Alianza y a Encuentro Social, quienes tuvieron menos porcentaje de votación que el Bronco en las pasadas elecciones. Otro tema que debemos considerar es si habrá o no una reforma electoral, que pretende subir el porcentaje mínimo requerido a 4%, poniendo un piso muy complicado para las nuevas organizaciones políticas y para partidos como el PVEM, MC o el mismo PT.

Queda claro que México sigue avanzando hacia la consolidación de un sistema multipartidista, por lo menos en la forma. Es fundamental que se pase al fondo, que las agrupaciones partidistas nuevas no sean un reciclado de intentos fallidos en el pasado, como el caso de Cambiemos (ex Panal) , PES (ex Encuentro Social) , Gente en Movimiento (ex Humanista) o Partido México (también ex Panal); todos resultado de la extinción de partidos políticos anteriores.

Sino un intento de nuevos sectores por incursionar en el sistema público, como Vamos Juntos, México Libre, Impulso Mexicano, Redes Sociales Progresistas o UNE México. Si bien, la mayor parte de estos partidos tienen miembros y hasta dirigentes que conocen las lides políticas, todos ellos representan el primer intento formal de institucionalizar sus esfuerzos en la formación de nuevas opciones políticas.

Naturalmente, haría falta hacer un ejercicio más exhaustivo, para conocer sus propuestas, estatutos, estructura programática y forma de gobierno interna; pero esto será tema de otro artículo. Resulta también fundamental recordar que no por tener más partidos se gasta más, sino que el dinero se distribuye entre más partidos, por lo que el gran afectado ante la presencia de nuevas opciones políticas sería Morena, al perder una parte de su presupuesto asignado para las campañas políticas.

@CuevasO33

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3 comentarios en “¿Conviene tener más partidos políticos?

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