Vivimos una época de desarraigo, donde los seres humanos dedican su tiempo libre al trabajo y al consumo. A partir de la debacle que se vive en Japón y las protestas en diversas partes de oriente, es necesario repensar la relación que tenemos con la naturaleza.
Por naturaleza no me refiero a aquello que se encuentra en una esfera distinta o un mundo alejado, a la manera de Platón o Leibnitz, sino a lo que forma parte de nuestro entorno. Las relaciones cotidianas no pueden pensarse sin un espacio ni un tiempo, sin un mundo sobre el cual el hombre se exprese. Seguir leyendo
