Roma, una bonita película de terror

Por Pablo Manrique

Roma ha sido una de las películas más esperadas por la audiencia mexicana. Tal vez víctimas de la fama de quien la dirige o de la publicidad que acompañó el lanzamiento de este filme. Sin embargo, Roma ha despertado varios microrelatos e incluso, reclamos injustificados a su hechura.

En los siguientes párrafos explico por qué Roma es una bonita película de terror. Acompáñame a descubrirlo.

Recomiendo ir a ver Roma antes de que se encuentren con una —otra— reseña snob desde cualquiera de los peldaños que forman esa escalera al cielo intelectual, político y cultural.

Estas son mis razones:

Foto, sonido, referencias, locaciones, actores

Es una película muy bien hecha en lo técnico. La fotografía en blanco y negro es sobria en general pero de una nitidez y calidad visual alta. Es claro que pretende un acercamiento al neorrealismo italiano, y habrá puristas que no le vean mérito, sino hasta insulto. Yo la encontré muy placentera estéticamente. Se siente un poco forzada en ciertos movimientos. Véase la última toma como muestra, en la que es claro que lo simbólico atropelló a la composición. Un detalle que poco estorba.

El sonido es de muy alta calidad. El ejemplo más obvio es una escena en el mar que se siente como un fuerte y apretado abrazo, que llega a estremecer gracias al sonido. Hay un sin fin de detalles sonoros que acarician con guiños localistas a quien ha vivido en Ciudad de México.

Pasamos por tres estados del país. Un par de momentos particulares llegan a sentirse surreales, divertidos, absurdos, pero cierran en círculos de triste fidelidad, o plausibilidad documental. Siempre en polvo, tierra, sangre.

Los actores son no profesionales en su mayoría, lo que le da un tono particular de realismo gracias a ese toque interesante que crea la inverosimilitud de los “malos actores”. En la realidad casi todas las personas somos malas actuando.

Hay planos secuencia reminiscentes, quizás homenajes a algunos representativos de la Nouvelle Vague, e incluso del declarado “final del cine” argumental que hacía Godard con Weekend. Es una belleza el prolongado plano de la ida al Cine las Américas, el juego en el granizo, las estampas de la cotidianidad exterior.

La historia

Habrá a quien la historia no le diga nada. O a quienes incluso les ofenda. Un “burgués, criollo” apropiándose de una historia indígena de esclavitud, servidumbre, dolor, la cual quizás les parezca apócrifa e ilegítima como relato de amor. Es una historia. Es natural que no sea universalmente aceptada. Creo que los personajes de la familia son naturalmente horrendos y en esto no hay maquillaje o pretensión. La historia, lo que le pasa a la protagonista es horrible, se repite ese horror, la soledad es absoluta al final del arco de Cleo. No creo que sea un accidente. El amor es así, es una isla solitaria. Es un mensaje nunca decodificado, un fantasma de ausencia de estructura.

Esta, como cualquier película, puede hacer o no sentir cosas al público. No pasa nada. No es necesario enojarse. Insultar al director por contar una historia que no es la que nosotros queremos que cuente es estúpido. Si se encuentran a alguien que ve en Cuarón una amenazante vaca sagrada que viene a dar una mortal estocada al arte cinematográfico, seguramente se tratará de alguien que quiso, pero no pudo, dedicar la suficiente cantidad de su propio tiempo y recursos a contar sus propias historias.

Vean la película antes de que encuentren sendas denuncias sobre lo burgués y narcisista que es el director, porque entrar con estas post-narrativas estorba para la experiencia estética.

Insisto, si bien cualquier crítica desde cualquier perspectiva es válida, estos corajes que atacan la personalidad del director, que afirman que se trata de engañar al público con tal o cual artimaña sentimentalista, o que espulgan los detalles a través de una lente de fidelidad con los hechos históricos, hablan más de las frustraciones creativas y la impotencia política de quienes las componen que de la película misma. No olvidemos que realismo y realidad no son la misma cosa. Flike el perrito de Umbrto D también es una licencia poética.

Roma está llena de símbolos atractivos, y como siempre se trata de un diálogo entre un público modelo y el mensaje modelo, un juego entre lo que la película “cree que dice” y lo que dice sin darse cuenta a gente que quiere y necesita entablar ese diálogo. Un ejemplo: ¿Por qué no recogen la caca? Es una pregunta que estoy seguro que todos nos haremos y algunos nos responderemos con una nutrida explicación sobre el sentido de pertenencia, lo territorial de la dignidad. Otros no sabrán. ¿Por qué no la recoges tú? ¿La recogerías en tu propia casa? La importancia, la fijación con las losetas, el inframundo invertido de los lavaderos, el mundo mágico y solitario del cine, por supuesto, la muerte, la violencia constante contra la mujer indígena y trabajadora.

Un Género de México

Que cada quien juzgue la historia contada desde su propia experiencia. A mí me parece que en su desarrollo argumental no pretende algo que no es. En cambio la puedo identificar como ejemplo de un cine idiosincrático mexicano conectado con el horror de la crisis económica, social, política de los últimos 50 años, exacerbada y lanzada a una espiral sangrienta y brutal en los últimos doce. Ejemplos de este género que yo llamaría “socioterror” son Heli y La Región Salvaje de Amat Escalante y Te Prometo Anarquía de Julián Hernández Cordón. Todas ellas crudas, audaces sumamente directas en su guión y realización. La Región Salvaje se eleva literalmente a otro plano cuando hace una alucinante metáfora de la pesadilla de la realidad mexicana.

En Roma la familia es horrible. El maltrato activo y pasivo es constante. Esta película es también retrato de una clase de horror prolongado, subterráneo, muy mexicano, y su representación no es accidental, es clara, es extraña su textura por el detalle de los no actores y lo estilizado de lo visual y auditivo, pero no se esconde. Solo hay que ver la escena de la que se toma el poster de la película en la que el sol es como un hoyo negro.

La distribución y la polémica de las salas de cine

En cuanto al interesante fenómeno paralelo de la distribución hay mucho que comentar. Es tan fácil verla y decir “me dio flojera, no pasé de los primeros 50 minutos” porque es increíblemente accesible. ¿Quién que esté leyendo esto no tiene acceso propio o invitado a Netflix?

La decisión de ir a verla a la sala de cine es una opción. Eso es lo que es nuevo para muchos. Tener simultáneamente una película en streaming legal y en cartelera. Yo nunca lo había vivido. Para los viejos piratas que finalmente encontramos rentable el servicio de Netflix, sentarse en una sala de cine y escuchar la campanada y ver el logotipo de la empresa es cómico e impactante.

Es un un monopolio que se vio obligado a invertir en la opción de producir su propio contenido por la cantidad de obstáculos y exigencias que estudios y distribuidores ponían con las licencias de su producto. Es una historia muy vieja. Industrias culturales que hacen del producto una extraña mercancía de aparente lujo. Por esa estupidez el modelo de la industria musical se vio forzado al cambio hace décadas. Los procesos de distribución de la industria cinematográfica parecían estancados en un limbo y todo lo que ocurre alrededor de Roma y su distribución viene como la última buena sacudida, toda en el terreno de lo legal.

Este es, pues, el siguiente gran cambio en el mundo del cine y nos puede producir asco, o nostalgia del pasado. Los conglomerados de salas con sus imposiciones, encontraron —hicieron, y robustecieron, diría yo— a un gigante obstinado en Netflix. Podemos hacer todos los eruditos análisis que queramos sobre la ética, el compromiso, el colaboracionismo del director pero es inútil. La película proyectada en festivales de cine zapatistas, en el recién abierto al público Palacio Nacional, y las que vengan, son emblemáticas, son incómodas, son a fin de cuentas publicidad.

Cannes prohibiendo que Netflix entre a concurso porque sus películas no se han exhibido en salas de cine parece un detalle estúpido y frívolo, sin embargo por ahí podemos rastrear lo que impulsó, el preámbulo de lo que pasó con Roma, y lo que viene. O podemos ver lo que el mismo Godard dijo sobre el festival: ya no existe.

La película se estrenó en salas “selectas”. En México Cinépolis, Cinemex, y en España las salas de la cadena de exhibición Cinesa que cuenta con más de 500 salas no quisieron ceder en su sacrosanto periodo de “ventana”. ¿Una imposición de Netflix darles unas cuantas semanas antes de estrenar en su propia plataforma en línea? Pero si le están dando su verdadero lugar al cine en pantalla grande: permitir que el público elija, sin temores estúpidos a la inmediatez del acceso en pantallas chicas ¿O qué piensan los exhibidores que nos tienen que obligar a ir a la sala de cine? Es ese chantaje el que riega las semillas de los torrents.

Con este inédito movimiento los espectadores —suscriptores de Netflix— tuvimos a partir del 14 de Diciembre la opción de ver algo inmediatamente en un clic o esperar un poco e ir a la sala de cine. Es un divertido experimento.

El público cinematográfico mexicano

Yo quise ir a la sala y escogí The Movie Company en Plaza Escenaria. No tuve y no tengo ganas de verla en una pantalla más pequeña por el momento, aunque seguramente más adelante lo haré. Lo recomiendo mucho. Es una película muy disfrutable en una gran pantalla con buen sonido.

Sin embargo en “el cine” la experiencia siempre resulta una apuesta, las más veces una apuesta que pierdo. Esta vez todo iba bien, empezó a tiempo, sin “cortos”, pero hubo que informar a los hablantines que ya había empezado la película, preguntar a los señores argentinos de mi derecha si iban a estar hablando todo el tiempoo o solo durante los créditos iniciales. “Solo en esta parte” dijo el viejo, y su señora añadió sarcástica, “¡Qué simpático!”, refiriéndose a mí. “Gracias. Qué respetuosos, ustedes” contesté yo.

Los de atrás traían chicos y estuvieron hablando y comentando, lo cual pude tolerar. Es tan cercana en tantos sentidos que en verdad dan ganas de señalar, apuntar, conectarse. Lo entendí. Es un fenómeno especial conectar con el cine mexicano tan escaso, a veces tan lejano y sintético, soez, o estúpido. De cualquier modo creo que se puede ejercitar la memoria y comparar notas al final. ¿No es eso lo que hace maravilloso ir al cine en compañía de un alma gemela o vecina? Yo hubiera dicho al final que me recordaba mucho a El Mago de Jaime Aparicio, a tantas películas mexicanas que buscan el mar, pero nos quedamos hablando un buen rato de los símbolos, de los argentinos, del sonido, y del horror.

De los espectadores de mi función muchos llegaron tarde seguramente esperando la otra “ventana” de las salas de cine, es decir los quince minutos de insoportable publicidad. Los retrasados se valieron de las linternas de sus celulares para encontrar sus lugares. Otro grupo traía a “una inválida” según explicaron. Su acomodo produjo una larga discusión que duró todo el primer cuarto de la película.

Es decir, buena parte de la energía mental cuando se asiste al cine en México, se va en conducir la tolerancia a todas estas actitudes irrespetuosas, individualismos, etcétera. A propósito de “snobs”, quizás esta versión mía de ir al cine a ver una película esencialmente en silencio sea la que esté fuera de lugar. Quizás en el cine como en Cinema Paradiso se deba socializar y convivir. El tamaño de la pantalla, la calidad del sonido se vuelven elementos demasiado costosos cuando hay que aguantar todo esto. Para mi fortuna, lo logré superar y disfruté. Curiosamente los espectadores en la sala de cine dentro de la misma película, allá en los setenta, eran muy bien portados. Aunque aplauden al final, lo cual siempre me ha parecido absurdo.

Creo que la lucha para salvar al cine como expresión de lo social, o mejor dicho, la experiencia del cine en las salas, está en otro lado. No está en pretender cambiar el rumbo de la narrativa con críticas furiosas sobre si un burgués debería estar contando su historia de burgués, o si tiene derecho a contar la historia de su “nana”, su niñera, su trabajadora del hogar, empleada doméstica, o sirvienta explotada o como se le quiera llamar. Queda claro que el director investigó al objeto de su narración, y por lo visto el producto ha resultado catártico y enriquecedor para ella —Libo, en quién está basada el personaje de Cleo— y para la familia dramatizada en la película.

Resultó también enriquecedor para mucha gente completamente ajena a la realidad nacional, y para mí, para mi compañera, y no dudo que para mucha gente más. Quizás somos unos bobos y necesitamos que los apocalípticos nos vengan a despertar a cachetadas del dulce sueño del disfrute estético despolitizado.

Harían bien en hacerlo —despertarnos—con otras películas, unas de su propia autoría, lo cual, aunque no es requisito, sería sumamente elocuente, más que diatribas arrogantes e iluminadas desde un púlpito impostor. Y me disculpo por estos disparos al aire si cualquiera que me lee no tiene acceso a twitter, donde tanta fanfarronería he leído sobre esta historia.

Los críticos a veces le otorgan demasiado poder a los productos objeto de su desprecio. Son solo historias. Con mucha suerte mueven algo, con un poco más cambian algo de la realidad.

Epílogo:

Para cerrar con una propuesta. Creo que los dueños de las salas deberían invertir en educar a los públicos, en tener personal que se dedique a fomentar una experiencia inmersiva, plena, respetuosa entre los espectadores, que se prohiba, so pena de expulsión, el uso del celular, así sea solo del encendido de las pantallas, además de los novios explicadores, las envolturas de plástico aluminizado, las llegadas tarde, las lámparas, la publicidad previa a la película (o por lo menos que el sonido de ésta fuera opcional), que se cuidara el volúmen y calidad del sonido, entre otras cosas, para que con el mismo glamour que piden exclusividad y delantera en la exhibición, construyeran una experiencia elegante, íntima, especial para el cliente que paga por una función lo mismo que acceso ilimitado al catálogo de Netflix, éstos últimos los cuales estoy seguro en menos de cinco años serán propietarios de sus propias salas. Quedará de ver si siguen dando la opción, dan acceso a las salas como prestación de la suscripción, u obligan a la gente a pagar más y limitan el acceso online. Sería una estupidez que prolongaran este arcaico modelo que ya da sus últimas bocanadas.

Y si no, pues ahí está Aquaman, dicen que está buena, ¿no? Quizás para esa sí me espere al torrent brrip 1080p.

@popmofolk

También puedes revisar:

Política LSD

América, ¿Nazi?

Creación y resistencia

Los comentarios y opiniones vertidos en Órbita Política son responsabilidad del autor, no representan una consultoría, asesoría o prestación de servicios de ninguna índole. 

Un comentario en “Roma, una bonita película de terror

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s