Despertar, ciudadano

Por Fernando Carrillo 

Los mexicanos hemos aguantado un pésimo gobierno durante seis años, las desapariciones, los engaños. Es momento de pensar y castigar a los pésimos políticos. Despierta, analiza, castiga. No votes por los mismos males. México necesita de tu voz en las próximas elecciones. Participa. 

En el principio todo era oscuridad y caos

Está tan cercana a la realidad la cita bíblica del Génesis (primer subtítulo de este texto), que incluso se podría asegurar que no hay mejores palabras para describir al México contemporáneo, el cual hoy es azotado por el caos, ingobernabilidad, corrupción, violencia extrema, abusos de poder, contrastes ofensivos e insultantes entre oportunidades y carencias. No cabe duda que en el país, la kakistocracia (gobierno de los peores) hace gala de lo más bajo de su repertorio de forma burda y cínica.

De hecho, el colmo es el perfecto timing de una cinta cinematográfica mexicana, conocida y vista por más de cuatro millones de espectadores, llamada La dictadura perfecta, la cual, aunque trata de recrear al gobierno, solo pone de manifiesto que la ficción una vez más es superada por la realidad de este México mágico.

La dolorosa gestación de un cambio

Abruptamente, una parte de la sociedad ha reaccionado a una serie de acontecimientos violentos en los cuales, tanto normalistas de Ayotzinapa como secuestradores de Tlatlaya, fueron víctimas de las agresiones infligidas por aparatos de gobierno, hechos precedidos por docenas de miles de desapariciones, crímenes, abusos, descalificaciones o de plano la negación de los ciudadanos a participar, por ejemplo, en las fallidas reformas estructurales; y sucedidos por la traición del régimen a sus anteriores aliados en la conformación de estas reformas: los partidos cómplices.

Los protagonistas de este cambio o reacción han sido los jóvenes, quienes ya habían tenido un brote de protagonismo con #YoSoy132, pero no pudieron sobrevivir al tiempo y sofocación impuesto por el sistema, el aprovechamiento y manipuleo político de partidos oportunistas, y el abandono del resto de la población.

En la simiente está la clave

Sin duda, los brotes de esperanza ya estaban dados con anterioridad; sin embargo, ya es momento de articular el malestar actual con la acción participativa, la cual lleve a la población a obtener resultados sustentables. Hay miles de mexicanos, que desde un partido nuevo o, más contundentemente, la sociedad civil organizada, tienen décadas en lucha para abrirse paso en el mar de dificultades, carencias y necesidades que los gobiernos se han negado a resolver; pero también hay otros héroes de a pie, los cuales estoicamente se han sobrepuesto y resuelto día a día todas estas problemáticas, mostrando en la actualidad capacidades de organización, respuesta y canalización del desasosiego social en tremendos cauces, positivos y fecundos, de participación ciudadana.

La labor apenas comienza. No será inmediato el logro de las primeras metas. Pasarán años o quizá hasta tres o cuatro lustros para que los jóvenes, acompañados por sus padres, logren desterrar el viejo modelo corrupto y corruptor, el cual ha mantenido humillado y sometido al pueblo mexicano. El México joven tomará las riendas del destino de todos y más vale que, en este momento, los ciudadanos con experencia tengan la responsabilidad de sensibilizarlo, formarlo, acompañarlo, motivarlo y lanzarlo hacia buenos derroteros, labor ineludible en la que dos o más generaciones se entrelazan con un objetivo similar, el bien común.

El futuro

Esto puede ser promisorio mediante la realización de ejercicios de planeación prospectiva. Se pueden vislumbrar futuros deseables, administrar las acciones de hoy para diseñar el mañana… Si los contrarios a México lo hacen, ¿por qué los bien nacidos, el pueblo noble y bueno del país no puede llevarlo a cabo? Provocadora la pregunta, pero con una respuesta fácil: está al alcance de la población hacerlo, solamente debe rediseñar el paradigma patológico que la mantiene subyugada, para pasar a otro en el cual tenga libertad, abundancia y dignidad, como lo merece.

No obstante, la sociedad mexicana debe ganarse esta nueva forma de vida con trabajo y participación, tomando la responsabilidad de hacer más y mejor las cosas, para así lograr la transformación de la democracia representativa en democracia participativa, por medio de la cual se sustituirá poco a poco a los políticos de siempre por ciudadanos honrados, capaces y competentes, que desarrollarán una política más noble en las distintas esferas de la comunidad, pues política no solo es sinónimo de gobierno, es mucho más.

Así pues, para lograr la paz, armonía, prosperidad e igualdad en derechos y obligaciones de los mexicanos, se requiere de la concurrencia de todos.

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