La infancia en México ¿oportunidades o retos?

“La infancia tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir; nada más insensato que pretender sustituirlas por las nuestras”. Jean Jacques Rousseau

Las niñas y los niños resultan ser fundamentales para el sano desarrollo de las sociedades, ¿qué se está haciendo por este sector de la población en México? ¿Cuáles son los asuntos pendientes? Déjanos tus comentarios al final del artículo.

Juan Pablo Aguirre Quezada

El Censo Nacional de Población y Vivienda 2010 elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) señaló que vivían diez millones 528,322 niñas y niños de 0 a 4 años en todo el territorio nacional. Aunado a ello, la institución señalo que en 2015 en México había alrededor de 39.2 millones de menores de edad. Es decir, alrededor de la tercera parte de la población del país son niños, niñas y adolescentes.

Esta gran población requiere de múltiples servicios, productos y acciones, no sólo de los diferentes ordenes de gobierno, sino de empresas, escuelas, asociaciones, comercios o sociedad civil. La población infantil en México es mayor  a la población total de países como Chile, Perú, Venezuela o cualquiera de Centroamérica y el Caribe; lo que nos da una dimensión del tamaño de necesidades que se deben atender.

¿Qué significa ser niño en México? lamentablemente al ser un país con grandes desigualdades sociales, la población infantil tiene distintos grados de acceso a elementos de desarrollo como salud, educación, alimentación, vestido, entre otros.

Un avance constante en las últimas décadas es la cobertura de educación básica, la cual brinda oportunidad a que 20.8 millones de este sector poblacional puedan asistir a la escuela. Sin embargo, el Inegi alerta que 3.5% de niños y niñas que viven en México no tienen la posibilidad de desarrollar sus conocimientos en el aula de clases.

No obstante, conforme la edad aumenta, los menores están expuestos a la deserción escolar, ya que dicha institución afirmó que uno de cada diez adolescentes (9.7%) no ha aprobado algún grado de educación secundaria, y que uno de cada cuatro mexicanos de 15 a 17 años (26.5%) no asisten a la escuela. Tal pareciera que la permanencia de los menores en el sistema educativo en México es parecida a un embudo y que a mayor edad menos posibilidad de continuar con sus estudios tienen.

Lamentablemente, no todos los niños y adolescentes mexicanos tienen la oportunidad de estudiar por la necesidad de trabajar, a fin de brindar un apoyo económico para el sustento de sus familias. El estudio del Inegi arrojó –entre otros datos- que 2.5 millones de menores de edad en nuestro país (equivalente a una ocupación de 8.6% en el segmento poblacional de 5 a 17 años) tienen que trabajar, lo que los margina del goce pleno de su condición infantil, además de alejarlos de un posible polo de desarrollo personal como lo es la asistencia escolar.

Pese a que México es un país firmante de la Convención de los Derechos del Niño aún tiene importantes retos para mejorar la calidad de vida en la infancia. Ejemplo de ello es la tasa de mortalidad infantil para el trienio 2011-2013 se ubicó en 14.3 por cada mil nacidos vivos, por lo que aún está lejos de indicadores de países de primer mundo, aunque representa un avance respecto a décadas anteriores. Ya que en 1970 el indicador era de 68.4, lo cual ejemplifica las mejoras obtenidas.

Asimismo, los promedios para niños de hasta cinco años no dejan de ser alarmantes, ya que la institución reportó que en 2015 murieron cerca de 16 mil niños mexicanos menores de esta edad por enfermedades que pudieron ser resueltas. Gran parte de estos decesos son consecuencia de falta de higiene en los alimentos, por lo que se pueden redoblar los esfuerzos para mejorar las prácticas en el hogar y con ello prevenir enfermedades en la población infantil.

Las enfermedades intestinales también contribuyen con una de cada dos defunciones de los menores de 14 años, por lo que los adolescentes también son vulnerables. La responsabilidad gubernamental es dotar de infraestructura necesaria para evitar estos riesgos como agua corriente y un sistema de drenaje que permita reducir los riesgos de salud para la población en general, y la infancia y adolescencia en particular.

Los menores mexicanos requieren de un entorno favorable para el desempeño de sus actividades, así como para su formación en los primeros años de vida. Es necesario que diferentes instituciones en los tres niveles de gobierno y la sociedad civil coadyuven a lograrlo. Invertir en mejorar las condiciones de la infancia ayudará al progreso nacional y tener condiciones más propias para el desarrollo social.

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