El peligroso ascenso del neofascismo en EU y su relación con México

Por Jorge García

Ante el ascenso del neofacismo en EU, ¿qué debe hacer México de cara al 2018? Aquí unas recomendaciones.

Muchos lo anticipábamos desde una dura crítica al presidente Barak Obama y su gran decepción en el ejercicio del poder público: se le apoyó (primer presidente afroamericano de la historia), se le cuestionó fuertemente (del “Yes, we can (change)” al “No, we won’t.” ¿Tan poderoso es Wall Street?”), escasos logros (reforma – e intento de contrarreforma por las presiones- al sistema de salud pública), se le volvió a apoyar en su reelección, incumplimiento de la reforma migratoria integral, en la lucha por los derechos humanos, sin cambio fundamental en la estrategia geopolítica y los irrestrictos tratados comerciales. Era cuestión de tiempo.

Sabíamos que la opción ultraconservadora republicana es mil veces peor. Y hay que reconocer que -ante ello- teníamos ínfimas esperanzas, ya que reflexionábamos que era casi imposible que sucediera, pero es necesario que un fuertísimo movimiento social (mucho más fuerte y organizado que el “Ocuppy Wall Street”) rompa con el bipartidismo y sus poderosísimos intereses en EU.

Y sí, para los que odian los supuestos “caudillismos”, apuntábamos que es necesario un proyecto, una dirección y un liderazgo con autoridad moral, no obstante intuíamos que al carismático senador socialdemócrata Bernie Sanders no le alcanzaría para ello, ya que no pudo conseguir la candidatura Demócrata a la Presidencia.

En concreto, teníamos una visión pesimista del asunto, era correcto que estábamos básicamente sin salida para el impulso del inicio de un necesario pero casi inalcanzable cambio de paradigma.

Compartíamos (para la reflexión) análisis sobre esa interesante -pero también excesivamente optimista- opinión, ya que si bien Donald Trump era (es) un neofascista totalmente rechazable, en lo personal no confiaba ni un segundo en una política mucho más cercana a la derecha como Hillary Clinton, por más que el programa del Partido Demócrata se haya movido -gracias al movimiento Ocuppy Wall Street y después a la candidatura del senador B. Sanders- a la izquierda progresista.

Mencionábamos –antes de las elecciones- que si yo fuera un latino con derecho a voto en EU, votaría por la candidata del Green Party Jill Stein. Trump es un horripilante neofascista absolutamente deplorable, creíamos que seguramente iba a ganar H. Clinton, aunque eso también representaría una muy mala noticia para México y el mundo. Con seguridad sostenía que de ninguna manera la apoyaba, ni la apoyaría y que cada quien se hiciese responsable de su decisión y de la autoridad moral obtenida para criticarla fuertemente en el futuro cercano: en cuanto a sus políticas puestas en marcha y a las consecuencias que estas acarrearían.

Pero la sorpresa cayó como un balde de agua fría para todo el mundo el pasado 8 de noviembre: Donald Trump ganó la presidencia de los EU. Sin duda fue un grave error del establishment norteamericano haber echado para abajo la candidatura del senador de izquierda  B. Sanders; el hubiera no existe, pero él, era el hombre destinado para vencer al neofascista de Trump.

Hillary (ojo no es un asunto de género) no era la indicada del lado demócrata. Ahora todos pagaremos esa decisión de estas elites que apoyaron la continuidad del statu quo con H. Clinton, al tener a un ultra conservador, xenófobo, racista, ignorante y hombre de derecha como D. Trump.

También les mandamos un mensaje claro y directo a los supuestos libertarios acerca de que no empezaran  a culpar a quienes no confiaban en Hillary, la derrota de ella: tiene nombres y apellidos: Obama, el neoliberalismo y a la vez el conservadurismo del clan de los Clinton, el Partido Demócrata y muchos más.

Naomi Klein: …”Las respuestas neofascistas a la desenfrenada inseguridad y desigualdad no se van a ir. Pero lo que sabemos de los años 30 del siglo pasado es que lo que hace falta para enfrentar al fascismo es una izquierda verdadera. Se le podría quitar buena parte del apoyo a Trump si hubiera una auténtica agenda de redistribución sobre la mesa, que enfrente a la clase multimillonaria con algo más que retórica y que use el dinero para un nuevo pacto verde. Un plan de este tipo podría crear una oleada de empleos sindicalizados bien pagados; llevar recursos y oportunidades, tan necesarios, a las comunidades afroestadunidenses e insistir en que quienes contaminan paguen para que los trabajadores vuelvan a ser capacitados y sean incluidos en este futuro.

Podría crear políticas que luchen, a la vez, contra el racismo institucional, la desigualdad económica y el cambio climático. Podría enfrentar los malos acuerdos comerciales y la violencia policiaca, y respetar a los pueblos indígenas como los protectores originales del territorio, el agua y el aire.

La gente tiene derecho a estar enojada, y una poderosa agenda de izquierda, intersectorial, puede canalizar ese enojo adonde debe estar, mientras lucha por soluciones holísticas que unifiquen a una crispada sociedad“.

Sanders ha hecho la necesaria crítica y reflexión que algunos analistas de aquí y de allá se han negado a hacer o a compartir, para intentar entender la derrota del lado demócrata: “el partido tiene que liberarse de sus vínculos con el establishment empresarial y convertirse en un ente de bases de gente trabajadora, los de la tercera edad y los pobres”

De igual forma y cómo bien comenta John Ackerman, paralelamente a J. Z. Patterson , no hay que dejar pasar el histórico “agradecimiento” a los corruptos y mediocres de Videgaray y Peña, que con su “grandiosa” idea de invitar a Trump al país y al darle una atención, trato e interlocución de tipo presidencial y de Jefe de Estado, le dieron una proyección de líder y hombre de Estado, y es a partir de ese momento cuando empieza a remontar en las encuestas hasta derrotar (para desgracia de todos) a Hillary, en el Colegio Electoral el pasado 8 de noviembre.

Pero aceptar esta realidad no implica rendirse nunca, y en consonancia a ello así lo apunta con excelsitud Irene Montero: “Un multimillonario, xenófobo, machista, contra los DDHH será el próximo presidente de los EEUU. Su victoria es consecuencia de las políticas de desigualdad, injusticia y ensañamiento con los sectores populares del establishment que en EEUU representaba Clinton y en Europa representan Merkel o Rajoy.

La victoria de Trump nos señala el camino a recorrer. Nos tendrán enfrente, haciendo pueblo, construyendo movimiento popular. No son tiempos de moderación y buenas formas, los de arriba van con todo y nuestros pueblos estarán a la altura: dientes afilados con los poderosos y toneladas de fraternidad popular para construir un mundo digno. Somos millones para construir la alternativa democrática, soberana y con Derechos Humanos”

Al unísono de lo comentado con anterioridad, este lucido artículo del escritor Pedro Miguel, sobre la oportunidad de ganar soberanía que se presenta -ante la crisis y la emergencia – para nuestra nación aun en tiempos aciagos es bastante recomendable   Y no, no se debe esperar –contrario a lo que piensan algunos ingenuos analistas- absolutamente nada de este régimen oligárquico de oprobio: Reconstruir este país requiere de un cambio democrático en la correlación de fuerzas y en el timón gubernamental con un nuevo pacto incluyente con todos los sectores sociales y económicos del país.

Con la existente correlación de fuerzas, es imposible pensar en un cambio de la actual y fracasada política económica, con un proyecto alternativo de nación con líneas programáticas claras en la nueva relación con los EU fincada en la cooperación para el desarrollo mucho antes que en la dependencia y subordinación con el vecino del norte. Solo el cambio de régimen -vía democrática- nos daría esa oportunidad.

En  específico, en cuanto a la actual política comercial con los EU: 40% de lo que se consume hoy en día en el país, lo importamos del exterior (balanza comercial deficitaria), en esencia estamos atados a la economía estadounidense, ya que estos gobiernos tecnocráticos (ante el evidente fracaso de su política económica) no se han replanteado (ni se replantearán) –en este sentido- la política de apertura comercial -indiscriminada- exportadora (funcionando a través de una economía de impulso a las maquiladoras, exportando en su mayoría: materias primas y productos básicos necesarios para el consumo interno), con una posible diversificación de esta oferta exportadora comercial hacia otros países y regiones, pero protegiendo a los mercados y productores agro e industriales nacionales.

En conclusión de la parte final de nuestro apunte: aquí en nuestro país sí se necesita un cambio de timón democrático –contrario a la actualidad de los EU- con un gobierno progresista, soberano, honesto y humanista que vea por el bien e interés público de la nación.

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