Periodismo mal portado

Por Óscar Cuevas

El papel de los medios es defender el derecho de información. Por ello, el periodismo adquiere un papel fundamental en una democracia. Es gracias a la labor periodística que la ciudadanía puede enterarse de aquellos eventos que les afectan. La libertad de expresión adquiere sentido si los medios conservan su independencia y se mantienen libres de la injerencia de quienes detentan el poder.

 Sin embargo, en México, los medios de información han dependido históricamente de la publicidad, subordinándoles. En este sentido, durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), se produjo una reducción del 50 % en gastos de publicidad. 3 mil millones de pesos menos que lo ejercido durante el último año del gobierno de EPN[1].

Esta disminución obliga a los medios a tomar una serie de decisiones que afectan la calidad del contenido: despidos masivos, mayores cargas laborales, disminución en los tiempos de revisión y planeación editorial, entre otros.

Pareciera que AMLO tiene una clara intención por maniatar su capacidad operativa, además de atacarles constantemente con dichos que dudan sobre la veracidad de sus investigaciones. Reforma, Proceso y The Financial Times son algunos ejemplos.

Tomado del canal El Economista TV

Si bien la libertad de expresión está plasmada en nuestra constitución, México no ha sido siempre un país que reconozca en los medios la libertad de criticar al poder. Recordemos la Ley Lares, considerada como la más restrictiva de la libertad de imprenta del siglo XIX; pues establecía la censura previa, ya que “antes de proceder a la publicación de cualquier impreso, se entregará un ejemplar al Gobernador o primera autoridad política del lugar.”[2]

También mantenía un control económico sobre los periódicos. Pareciera que el Presidente sabe bien que, para intervenir la línea editorial de los medios de información, lo primero que necesitas hacer, es disminuir su entrada de dinero. Así como en la Ley Lares se clasificaban las publicaciones en subversivas, sediciosas, inmorales, injuriosas o calumniosas[3]; de la misma manera lo hace AMLO durante sus mañaneras: prensa fifí, conservadora, opositora, mal portados, etc.

Lanzando un mensaje claro a los medios de información: quienes no estén con la cuarta transformación serán evidenciados en las mañaneras cuando lo quiera el máximo mandatario del país, poniendo en duda su reputación.

Retomado del canal de El Universal

Artículo 19, en una carta pública a López Obrador, señaló la preocupación de esta organización civil ante los dichos proferidos[4] por el jefe del Ejecutivo durante sus mañaneras[5]. En dicha Carta, recuerda al presidente en funciones, que las descalificaciones no son parte del derecho de réplica. Dicho derecho no entraña descalificar o estigmatizar a quien tiene un discurso contrario, sino que atiende a la necesidad de conocer las distintas versiones de los hechos del protagonista de una nota periodística. La réplica no debe restringir o inhibir la libertad de expresión, sino complementar y permitir a la ciudadanía hacerse de una idea propia a partir de diversas visiones[6].

Aún así, el pasado 22 de julio, López Obrador realizó un reproche directo a la revista Proceso por “no haberse portado bien con ellos”, les acusó de editorializar el contenido para mantener el conservadurismo y recordó a Zarco y Flores Magón como ejemplos en la manera de ejercer el periodismo.

Es cierto que Zarco, en la Ley Orgánica de la libertad de prensa de febrero de 1861, elimina la censura previa, desecha el juicio por jurado, prohíbe la confiscación de los elementos de producción, desaparece los depósitos en efectivo y dificulta el encarcelamiento de periodistas; sin embargo, la comparación resulta, por los menos, ociosa; pues el avance que se ha tenido, en términos legales a nivel nacional resultan innegables.

Retomado del canal Borde Político

Como innegable es el papel que tuvo, tanto Julio Scherer como la revista Proceso en la lucha por garantizar la libertad de expresión en México. Ante las duras críticas realizadas a Luis Echeverría, se realizó el golpe a Excélsior, como un intento de controlar el periodismo de investigación que realizaban. Como resultado de este episodio, surgió Proceso, revista que ha recogido diversos artículos para evidenciar las triquiñuelas que suceden dentro de los grupos poderosos mexicanos. El más reciente ejemplo es el artículo Pemex-Fertinal: el gran fraude de Salinas Pliego; que le ha valido a Proceso otra demanda jurídica interpuesta por Salinas Pliego y Banco Azteca.

En el país más peligroso para ejercer el periodismo, resulta preocupante que el máximo mandatario de la República se dirija con insolencias a los periodistas. Preocupa además que amenace de forma constante a los medios de información que no están en sintonía con los planes de gobierno que ha implementado.

Su famoso dicho, tener otros datos, nos recuerda la noción de pseudoacontecimiento de la que habla Sartori en su Homo Videns. Las mañaneras de López Obrador comenzaron como una promesa de diálogo entre los medios y la Presidencia de la República, como un ejercicio apegado a la transparencia y el derecho a la información que tienen los ciudadanos sobre la res publica.

Retomado del canal de Proceso

Sin embargo, las mañaneras se han degradado hasta convertirse en un ejercicio de empobrecimiento político, durante el cual se oficializan la subinformación[7] y la desinformación[8]. La mañanera de Sanjuana Martínez es un claro ejemplo de lo anterior, en donde se mintió descaradamente sobre los despidos injustificados dentro de Notimex; o la conferencia de prensa que otorgó el presidente en Oaxaca, tras el Culiacanazo, en donde no se otorgó información alguna sobre el acontecimiento y se apostó por deformar el mismo.

Los periodistas no están para aplaudir ni para portarse bien, la libertad de expresión es un freno a la opacidad y al secretismo del estado mexicano; pues apuesta a la creación de una ciudadanía crítica y vigilante, a la aparición del pueblo-juez; piedra angular para la formación de la democracia de implicación, en donde los ciudadanos vigilan, juzgan, exigen y castigan a los funcionarios públicos de los diferentes ámbitos de gobierno[9].

Bibliografía

  • Rosanvallon, P. (2007) La contrademocracia. La política en la era de la desconfianza. Manantial. Buenos Aires, Argentina.
  • Sartori, Giovanni (1998). Homo videns. La sociedad teledirigida. Taurus. Buenos Aires, Argentina.
  • Toussaint, Florence. (2014) “Libertad de imprenta en el siglo XIX. Dos casos emblemáticos: la Ley Zares y la Ley Zarco”, Biblioteca del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

Cibergrafía


[1] Ortega, Ariadna. (miércoles 17 de abril de 2019) El gobierno de AMLO fija límite de 5,800 mdp en publicidad oficial. Presidencia. Expansión Política. Consultado el 02 de diciembre de 2019

[2] Toussaint, Florence. (2014) “Libertad de imprenta en el siglo XIX. Dos casos emblemáticos: la Ley Zares y la Ley Zarco”, Biblioteca del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Pág. 595.

[3] Ver más en Toussaint, Florence. (2014) “Libertad de imprenta en el siglo XIX. Dos casos emblemáticos: la Ley Zares y la Ley Zarco”, Biblioteca del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

[4] Ver más en Proceso, “AMLO llama “amarillista” a Proceso; la libertad implica mensajes de ida y vuelta, dice (Video)”, disponible en: https://www.proceso. com.mx/558290/amlo-llama-amarillista-a-proceso-la-libertad-implica-mensajes-de-ida-y-vuelta-dice-video Consultado el 02 de diciembre de 2019

[5] Riva Palacio, Raymundo (16 de junio de 2019) Las mañaneras de AMLO, México. Crisis del periodismo. Consultado el 01 de diciembre de 2019 en https://crisisdelperiodismo.com/2019/06/19/conferencias-mananeras-amlo/

[6] Artículo 19. Carta pública al Presidente Andrés Manuel López Obrador. Pág. 2.

[7] Siguiendo el concepto de Sartori, subinformación se refiere a que la información que se otorga sobre un acontecimiento es insuficiente para poder comprenderlo. En este sentido, empobrece demasiado la noticia que se da. Reduciendo la información en exceso.

[8] Se refiere, desde Sartori, a la distorsión intencionada de la información.

[9] Ver más en Rosanvallon, P. (2007) La contrademocracia. La política en la era de la desconfianza. Buenos Aires, Argentina. Manantial. Pág. 36

Puntuación: 5 de 5.

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