AMLO: su verdad

Estamos en tiempos muy interesantes en muchos temas: económicos, sociales, tecnológicos, políticos y hasta de salud pública, pero hay uno que existe y en el que todos participamos, sin importar nuestros antecedentes o credenciales: la comunicación y sus vicios.

Para un gobierno es de suma importancia ser constante en la narrativa que le permita generar credibilidad y mantenerla a lo largo de su plazo de mandato, con la finalidad de impulsar sus objetivos.

¿Qué narrativa?

Andrés Manuel López Obrador es el presidente del México moderno que mayor control de la narrativa ha tenido, en su discurso electoral logró encaminar el enojo, la desesperación, la indignación y el hartazgo social a una clase política de “élite” convirtiéndola en “esperanza”, lanzando frases pegajosas y fáciles de recordar como: “La esperanza de México”, “Por el bien de todos, primero los pobres”, “El cambio verdadero” y demás frases. En propaganda, estas son conocidas como: “generalidades brillantes” pues engloban sentimientos, careciendo de sustento, siendo sumamente efectivas, pues hay que recordar que siempre se le habla al corazón y no a la razón.

Así es como se ha formado AMLO, es un político extremadamente hábil cuando tiene el control de la narrativa y eso le ha dado como resultado ser el mandatario que mayor aprobación ha tenido al empezar su gobierno y el más votado (legitimidad), sin embargo, la luna de miel no puede durar para siempre y el discurso inevitablemente debe enfrentarse a la realidad, la crisis económica, petrolera y de salud nos han permitido darnos cuenta que “el rey está desnudo”.

La narrativa de gobierno actual ha estado construida con enemigos imaginarios que han sido utilizados para señalar los males sociales que vivimos, males que son una realidad, no así los enemigos señalados: “la mafia del poder”, “la oligarquía”, “el PRIAN”, “los dueños del poder”, “prensa fifí”, “conservadores”, “fifís”, “tecnócratas”, “neoliberales”, entidades ambiguas que despiertan sentimientos y aquí es donde recae la importancia.

Posverdad y realidad

Ante las carentes acciones del gobierno y la irremediable derrota contra la realidad la actual administración de López Obrador debe hacer uso de su bono de credibilidad, de la narrativa que han construido desde hace más de 18 años y fortalecer este discurso con la llamada “POSVERDAD”.

La posverdad la vamos a identificar como la transformación de hechos negativos a hechos positivos, o viceversa. Es una mentira que no está orientada a discutir hechos o argumentos, sino a generar o activar emociones en la sociedad, aquí no importa la veracidad de lo que se dice, sino el impacto que se puede tener, su efecto.

La capacidad que tienen las redes sociales de amplificar y hacer que se viralice en poco tiempo una declaración presidencial, la forma en que se puede y ha naturalizado el discurso, aún cuando no tenga fuentes o bases comprobables, y como única fuente de legitimidad los dichos de una persona, así como la responsabilidad diluida que existe en estos terrenos genera prejuicios y burbujas de segregación en la sociedad. En el mundo actual no estamos buscando datos o veracidad, sino reforzar nuestras creencias y opiniones.

Según Verificado, agencia encargada de verificar la veracidad de lo dicho por el presidente cada mañana contra los hechos, aproximadamente el 60% de los dichos son engañosos o falsos, así como 1/3 de la conferencia es repetición de las consignas conocidas. Dejándonos solo un 15%, aproximadamente, de información valiosa en cada mañanera o declaración del presidente, es decir, si suponemos que cada mañanera dura 2hrs, solamente 12.5 min serán de información concisa.

Esto puede ser muy eficaz en tiempos de tranquilidad, en tiempos electorales o donde el arrastre privado sigue generando la movilidad de un país pero en momentos de incertidumbre y crisis la realidad pasa factura de una forma mucho más apresurada y las personas que han creído en el discurso sin sustento del presidente se enfrentarán entre la espada y la pared, teniendo que reconocer que han sido engañados o tener fe ciega ante una situación que desgraciadamente está cobrando con vidas.

Aunque la posverdad es muy difícil de rebatir pues está dirigida a sentimientos arraigados, es responsabilidad de una sociedad madura contrarrestar y dudar de todo lo que nos enteramos, poner en entredicho y tener un pensamiento crítico que nos permita navegar por las olas turbias de la incertidumbre que vivimos. Está en nuestras manos no ser presas de la desesperación y la ideología radical.

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