Imagen cortesía de Alex Andrews

Coahuila: Alerta sobre la violencia infantil en México

Por Susana Silva C.

México vivió en 2019 el año más violento en su historia. Dentro de esta ola de violencia, nos hemos consternado con la que atañe a nuestros niños y niñas. Coahuila ha puesto el dedo en la llaga: ¿qué hacer con la violencia infantil en México? ¿Cómo prevenirla? ¿Cómo detectar a tiempo a un menor con un cuadro psicológico que puede detonar un evento violento? ¿Qué estamos haciendo mal como sociedad?

El 10 de enero del presente, la sociedad mexicana se convulsionaba con una noticia: Un niño armado había perpetrado un tiroteo en su colegio al norte del país. El saldo, varios heridos, él y una maestra muertos. Las noticias se centraron en identificar la forma en que iba vestido, las primeras declaraciones del gobierno del estado fueron que estaba influenciado por un videojuego.

Ante el hecho, Gobernación emitió un documento denominado “Recomendaciones para responder a las necesidades de niñas, niños y adolescentes después de sucesos violentos en el entorno escolar”[1], también difundió una infografía a manera de alentar la asimilación de lo sucedido.

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Infografía distribuída en las RRSS de la SEGOB 

Después, las indagaciones se centraron en su familia y la manera (tan increíblemente fácil) en que pudo acceder a un arma, se centraron en dar detalles de cómo este niño había enfrentado situaciones difíciles en su entorno y cuestiones que no permitían entender de fondo el hecho.

La realidad es que vivimos en un país en que la escalada de violencia nos ha hecho indiferentes, en el que vemos situaciones complejas todo el tiempo en cada unos de los ámbitos en que socializamos y así, terminamos normalizando un problema real y que necesita atención urgente: La violencia ha alcanzado a los más pequeños, a quienes, de facto, deberíamos proteger.

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Imagen cortesía @markusspiske

Los altos niveles de incidencia del maltrato infantil en diversos espacios, consideran expertos, la colocan como un problema de salud pública, principalmente por las graves consecuencias que puede traer en el desarrollo de los niños.

El Dr. Eduardo R. Hernández González, identifica como tipos de maltrato infantil: el físico, el emocional, el prenatal, la negligencia infantil o abandono, el abuso sexual, el Síndrome de Münchausen por poderes[2] y el maltrato infantil institucional[3].

Según la OCDE, México ocupa el primer lugar en violencia física, abuso sexual y homicidios cometidos en contra de menores de 14 años y 6 de cada 10 niños en ese rango de edad, explica Gabriela Ruiz Serrano de la Escuela Nacional de Trabajo Social (ENTS) de la UNAM, han experimentado algún método violento como disciplina dentro del seno familiar; es decir, la mayor parte de nuestros infantes, tienen su primer acercamiento a la violencia en casa.

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Imagen cortesía Pexels 

Por otra parte, datos del Informe anual 2017 de la UNICEF, muestran que ocho de cada 10 agresiones contra niños ocurren en la escuela y en la vía pública. Es decir, el entorno cotidiano de los niños les permite entrar en contacto con situaciones violentas. No es solo la televisión, las aficiones, los gustos y las conductas personales lo que en ellos provoca un ataque violento, también es ese contexto que la sociedad ofrece para su desarrollo, su crecimiento y su conformación como seres sociales.

La iniciativa «INSPIRE», promovida como una estrategia por la Organización Mundial de la Salud para eliminar la violencia contra los niños y que han tenido resultados en los países en que se han implementado[4], se centra en siete puntos fundamentales:

  • Aplicación y control del cumplimiento de las leyes: como aquellas que limitan el acceso de los jóvenes a las armas de fuego y a otros tipos de armas y las que penalizan la imposición de castigos violentos a los niños por los padres.
  • Normas y valores: modificación de las creencias y los comportamientos respecto de los roles de género.
  • Entornos seguros: adopción de medidas para eliminar los lugares conflictivos y mejora del entorno edificado;
  • Apoyo a padres y cuidadores: por ejemplo, proporcionándoles capacitación en materia de crianza;
  • Reforzamiento económico y de ingresos: incluida la microfinanciación, junto con capacitación sobre normas de género;
  • Servicios de respuesta y apoyo: como programas de tratamiento para menores infractores;
  • Educación y formación en aptitudes para la vida: por ejemplo, estableciendo un entorno escolar seguro y mejorando la vida y las aptitudes sociales de los niños
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Imagen cortesía de @samerdaboul

Lo que sucedió en Torreón da cuenta de la necesaria atención por parte del Estado, de la ciudadanía y de los individuos (padres, tutores y cuidadores de menores) a las reglas de convivencia, interacción y aprendizaje, que los expertos en el tema consideran “adultocentristas”. Recordar que el viejo refrán “Los niños son como esponjitas, lo absorben todo”, es real y situaciones complejas como la sucedida, dan cuenta de ello y de que hay un proceso pendiente de integración en el país, que tan plagado de violencia ya está, debe atender entre los más vulnerables.

En nuestro país, no hay un plan, política pública o programa que atienda de manera integral todas las aristas que llevan a la violencia: la pobreza, el acceso a la educación, la responsabilidad sobre la crianza, la desigualdad de oportunidades, porque un acto de violencia en una escuela perpetrado por un niño debió tener un origen mucho más profundo y multifactorial que un videojuego.

@Susarania

Fuentes consultadas:

[1] Elaborado por la Secretaría Ejecutiva del SIPINNA con base en los siguientes artículos: Jessica Grose. Managing Fear After Mass Violence. New York Times. Miércoles 7 de agosto de 2019. American Academy of Peditriacs. “Cómo hablar con los niños sobre las tragedias y otras malas noticias”. AAP, 2019. American Academy of Pediatrics. “Respondiendo a las necesidades emocionales de los niños en momentos de crisis”, AAP, 2015.

[2] Consiste en inventar una enfermedad en el niño o producirla.

S Se refiere cualquier legislación, programa o procedimiento, ya sea por acción o por omisión, procedente de poderes públicos o privados, por profesionales al amparo de la institución, que vulnere los derechos básicos del menor, con o sin contacto directo con el niño.

[4] Colombia, Uganda, Estados Unidos, Sudáfrica, Afganistán

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