Furiosos y ofendidos

Por Pablo Manrique

La victoria de Donald Trump fue una sorpresa para los que no han estudiado la historia de EUA, un país que sufrió una cruenta guerra civil entre 11 estados que querían mantener la esclavitud y aquellos que pretendían abolirla.

La esclavitud en E.U.A fue finalmente abolida en 1865 lo que queda estipulado en la decimotercera enmienda, excepto como castigo cuando la persona ha sido condenada por un crimen. Así aparece en la constitución. Hoy la población carcelaria de ese país asciende a 2,220,300 y 4,751,400 viven bajo caución o libertad condicional.

Durante el fin de semana los porcentajes de audiencia en salas de cine y televisión aumentaron y películas como Arrival (La Llegada) y Trolls recaudaron más de lo que habían previsto. Quizás como dice Pamela McClintock es un acto de fuga para el electorado estadounidense.

El 10 de Noviembre Obama invitó a Trump a la casa blanca y le dio consejos. Un par de días después el presidente en conferencia de prensa comentó que uno de estos consejos, y quizás el más importante, era que Trump debía formar un gabinete lo más pronto posible (y llenar alrededor de 4000 plazas) y que esas nominaciones o nombramientos serán señales para el electorado, señales que él como presidente electo puede aprovechar para acercarse a grupos con los que haya habido lejanía, confrontación o que se puedan sentir no representados. En la ronda de preguntas una reportera preguntó a Obama sobre el nombramiento de Steve Bannon como principal estratega de la casa blanca de Trump. Bannon quien lleva las riendas del portal conservador Breitbart, casa de personajes como Milo Yiannopoulos y el cual se ha convertido en el templo mediático de la “alt-right” — algo así como los nuevos conservadores irreverentes anti sistema, anti establishment, en contra de lo “políticamente correcto” es en realidad, para algunos periodistas críticos un frente y santuario del nacionalismo supremacista blanco.

En corto: Trump nombró como cabeza de su gabinete a un neonazi supremacista blanco sofisticado que representa a una cultura que ha sido clasificada como los más virulentos y racistas trolles de internet, entre cuyos más importantes y elocuentes voceros se encuentra el  antes mencionado Yiannopoulos, un judío gay que adora a Trump, quien ha hecho llamados a linchar en redes a actrices negras, el más reciente y flamante ejemplo, la comediante Leslie Jones que apareció en la nueva, terriblemente mala película de los Cazafantasmas. Este “linchamiento” fue la razón por la cual a este individuo —Yiannopoulos— le fue suspendida su cuenta de twitter.

Otro simpatizante de Trump que está encantado con la victoria, Chuck C. Johnson, autodenominado “radical” y “revolucionario”, dueño del portal Gotnews.com, personaje profundamente odiado en varios círculos del internet decente y progresista, y quien asegura entre otras cosas que Obama es gay, recientemente lo puso así:

“Esta fue una elección de “la sección de comentarios vs el artículo” y “ganaron los trolls”. “Llevamos al presidente a la oficina oval por medio de memes”.

Potenciado también por el elemento de memes super agudos y creativos, además de la percepción entre los millenials de ser anti establishment y una popularidad sin paralelo, el energético movimiento que enarbolaba la bandera de la “revolución política” liderado por el “socialista democrático” Bernie Sanders era a todas luces la otra cara de la moneda, el contrapeso que podría no solo enfrentar sino aplastar al “inesperado” movimiento de Donald Trump.

Pero la pesada inercia del establishment, la extraña certeza universal de que la candidata preestablecida por los demócratas tendría una victoria fácil, como “claramente” lo demostraban las difuntas encuestas, aunado a las palancas y manipulaciones aparentemente ocurridas durante las primarias demócratas que más tarde fueron inequívocamente reveladas en escandalosos correos publicados por wikileaks, hundieron, y fundieron al movimiento de Bernie Sanders, por no decir que le robaron la elección, lo que tuvo un final anticlimático cuando el mismo Sanders claudicó concediendo en favor de la burda imposición de Hillary dentro de su partido adoptivo y pidió el voto para ella y en contra del mundialmente reconocido “peligro” llamado Donald Trump.

El gigante de la comedia negra, Dave Chappelle reapareció en televisión, nada menos que en el programa Saturday Night Live, semillero de estrellas como Bill Murray, uno de los arquitectos de la Cazafantasmas original. SNL en últimas fechas recibió críticas del ahora presidente electo Trump, de quien continuamente se burlaban, al tono de “ese programa no es gracioso y es hora de que salga del aire”. Chapelle, que tenía años de no aparecer en TV limitándose solo a algunas presentaciones sorpresa en lugares pequeños, dijo en un monólogo de precisión con sus conocidas fotografías de lo absurdo, lo que ya otros habían dicho: “Elegimos a un troll de internet como nuestro presidente.”

La revolución llegó en la forma más obvia para quien pone atención, de la mano de la clase trabajadora estadounidense, del ignorado y golpeado “rust belt” — el cinturón oxidado de E.U.A que alguna vez fue el paraíso de la manufactura automotriz y que vimos en películas como Detropia. Llegó de mano de los supremacistas blancos hartos de fingir bajo el yugo de la hipocresía posmoderna de lo “políticamente correcto” y del electorado blanco en general.

Llegó el cambio a pesar de la arrogancia del establishment y de las dizque izquierdas —sí, en E.U.A la marca “izquierda” es propiedad del partido demócrata aunque en realidad son el establishment capitalista neoliberal en forma de mujer o de viejito honesto en el caso de México.

Todos los que están furiosos y ofendidos por los irresponsables y groseros comentarios de Trump, incluído el cínico criollo actor de quinta devenido promotor de alcohol, que mejor haría en ir a protestar muros en Palestina o apoyar materialmente a los migrantes mexicanos, todos ellos quizás deberían ponerse a hacer campañas políticas y no publicitarias. Quizás les sirva abrir los ojos, voltear a ver los desastres que Hillary y el establishment demócrata neoliberal ha patrocinado, empezando por Honduras, y dar gracias de que en este caso quizás “más vale malo por conocer que viejo por conocido”.

@anarcopop

Un comentario en “Furiosos y ofendidos

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