Violencia soft

Todos reconocemos la violencia física. Pero hay mecanismos que se ocultan que son igual o hasta más violentos. ¿Los conoces?

Doy vuelta en la esquina, un sujeto se me acerca, diciendo: “dos pesos de corazón pa´ la banda” . Acto seguido, me encuentro rodeado de seis tipos que aseguran: “mejor danos una copera, no queremos usar violencita”... Violencia. Si uno busca en la Real Academia de la Lengua, la violencia está definida de manera muy laxa, como cualidad de violento, acción o efecto de violentar o violentarse, acción violenta o contra el natural modo de proceder.

Recurriendo a Aristóteles, en su Gran Moral, libro primero, capítulo XIII, la violencia es definida como una causa (exterior) que los obliga (a los hombres) a ejecutar lo que contraría su naturaleza o su voluntad, se dice que estos seres hacen por fuerza lo que hacen. Ahora bien, la causa de la violencia, como bien menciona el filósofo griego debe ser externa. Si viene del interior no existe violencia sino volición. El sujeto de la acción la hace porque le viene en gana, es pues su voluntad realizarla.

Dentro de la postmodernidad, las relaciones violentas se han convertido en el pan de cada día de los ciudadanos. Quienes, gracias al Estado de Derecho, han cedido la iniciativa al gobierno, deben, no solamente luchar contra dicha maquinaria estatal sino contra sus propios deseos para formar parte del natural modo de proceder.

Del inexistente natural modo de proceder

El natural modo de proceder está formado por aquéllas pautas conductuales que son aceptadas como válidas y reproducidas en la sociedad. Fundamentadas, normalmente, en una mitología valorativa específica que deviene en norma. Dicha normatividad valorativa exige distintos niveles de adhesión, dependiendo de la institución que la promueva. Tanto la escuela, como la iglesia, el estado, las fábricas y oficinas forman parte de esta moralidad enajenante.

Habría que decir que, al aceptar la existencia de una teleología ontológica se sigue la negación de la libertad. Si bien es cierto que la existencia de la libertad ha causado ya suficiente polémica, también lo es que es necesario aclarar, por lo menos en el presente texto, lo que se entiende por libertad.

Sin duda, no pretendo aquí dar una definición sucinta ni suficiente de libertad, pero sí acercar al lector a mi interpretación de la misma. Ya los contractualistas señalaron que la libertad natural perdióse al momento de ingresar en la comunidad. Los ciudadanos ceden su libertad a un ente superior que denominan Estado, a cambio de su seguridad.

Así, acudimos a la muerte de la libertad del estado de naturaleza para presenciar el nacimiento de la libertad civil. Aquella que reconoce las garantías individuales propias de todo ser humano por el solo hecho de ser ciudadano. Una vez establecida la comunidad de hombres, desde el contractualismo, se hace necesario el establecimiento de un código civil que permita regular la convivencia entre los hombres.

El natural modo de proceder, es pues, el establecido por la sociedad. Las pautas conductuales moldeadas por las sociedades actuales configuran lo que se conoce como normalidad. De aquí que, el natural modo de proceder pueda ser completamente distinto e incluso antagónico a lo largo de la historia.

Violencia soft

Cuando los abuelos hablaban del asalto, lo hacían llenos de llanto y desesperación. La quincena se había ido con otro y los planes para la siguiente semana se iban al carajo. Había que comenzar a marcar números telefónicos en busca de una dádiva, un préstamo o una palmada en la espalda. Ahora, el delito se ha colocado en todas las esferas sociales. Sutilmente repensado por los criminales para disfrazarlo de limosnas, fraudes o favores personales.

La violencia post-moderna se instaura pues en la cotidianidad. Antiguos ladrones abordan los microbuses para vender productos apelando a la buena voluntad de los usuarios. Alegando estar arrepentidos de su pasado criminal, “ponen a la venta productos de calidad”, para no estar “abusando de la banda”

¿Cómo reaccionar ante esta situación sin ver afectada la dignidad humana? Y no me refiero a esa falsa mascarada creada por las instituciones financieras, sociales, políticas o económicas, que erróneamente se asocia a lo económico, sino a esa otra dignidad que tenemos por el simple hecho de estar vivos de hacer lo que se nos de la gana cuando se los de la gana.

La invención del estado de derecho

Dicen las viejas escuelas económico políticas, sustentadas por Rousseau, Locke, Hobbes y otros, que el acuerdo político surge como resultado de una suma de voluntades. Así ocurre la creación de las instituciones que se encargan de vigilar y conservar las necesidades básicas de la población. Una de estas vitales necesidades es la seguridad.

Asocio, en este escrito, a la seguridad con el libre albedrío. Y es que es impensable vivir en una sociedad en la que no se puede asegurar ni garantizar la libre voluntad del individuo.La vida, que gracias a las instituciones pseudo-democráticas ha quedado supeditada a la aprobación, reglamentación, procedimentalización de las pautas conductuales que estando reguladas bajo los valores de status, confort, prestigio, etc. apuntan necesariamente a la acumulación monetaria; ha perdido su completa significación.

La violencia soft, es tan sutil, que se cuela en los espacios más recónditos: un estadio de fútbol, una corbata, maquillajes, etc. Este tipo de violencia, propia de una sociedad posmoralista, hace las veces de libertad y libre albedrío para así poder implantar, en el grueso cuerpo social, la voluntad de aquellos grupos que detentan el poder. La violencia no está en el faltar al natural modo de proceder, sino en pretenderle siquiera. La libertad sustancial existe ahí, donde los individuos pueden ir, hacer, decir, lo que se les de la gana, cuando se les de la gana.

@CuevasO33

2 comentarios en “Violencia soft

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