Medalla de oro para la salud mental

Por Ligia Aguilar

Acabamos de pasar los Juegos Olímpicos y dieron mucho de qué hablar, incluso saliendo de la esfera deportiva, generando conversaciones de otro tipo causando polémica, memes y hasta discusiones aguerridas acerca de ropa.

Uno de esos tópicos que vale la pena retomar, fue el iniciado por Simone Biles haciendo alusión a la salud mental. Ese tipo de salud que, de alguna manera sabemos que existe, pero no ha permeado todavía tan profundo con la importancia debida. Prueba de ello, es el revuelo que causó el hecho de que una atleta olímpica, poseedora de múltiples medallas se bajara de dos competencias en Tokio 2020, por problemas de salud mental. “Tenemos que proteger nuestra mente y nuestro cuerpo, en lugar de salir a hacer lo que el mundo quiere que hagamos”, dijo la gimnasta estadounidense.

No se hicieron esperar las reacciones a tal decisión y varios atletas y personalidades fuera de la arena deportiva expresaron su apoyo a la gimnasta, pero no todas las opiniones fueron a favor, también existieron críticas. Pareciera entonces que la salud mental no es tan importante como la física, o incluso nada importante. Hubiera sido razonable si se hubiera retirado por una lesión física, pero como se trataba de algo intangible, no era razón suficiente para retirarse, lo que la convirtió para muchos en una perdedora o “quitter”, a pesar de su gran trayectoria.

Otra deportista que recientemente ha puesto el tema en la palestra es Naomi Osaka, tenista japonesa quien se retiró este año del torneo Roland Garros, después de haberse negado a dar una rueda de prensa por salud mental. “…no soy una persona que hable de manera natural en público y siento grandes oleadas de ansiedad antes de hablar con los medios de comunicación de todo el mundo. Me pongo muy nerviosa y me estresa intentar dar la mejor respuesta posible”, publicó en sus redes sociales, además de confesar que ha tenido depresión. Por cierto, fue quien encendió el pebetero en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos.

Las reacciones a este hecho fueron similares a las que hemos visto con Simone Biles, hubo quienes la apoyaron y otros que la criticaron, de igual manera, no sólo personalidades de mundo del tenis ni del deporte, sino de otros ámbitos.

Imagen “Naomi Osaka” Williams & Hirakawa—AUGUST

Más allá de las diferentes versiones vertidas en estos temas, lo interesante a destacar es que tal vez se desate tanta polémica por ser algo que rara vez se escucha en la voz pública, falta mucha información al respecto y rondan mitos alrededor de la salud mental. Pareciera que sólo se trata de las presiones, frustraciones y emociones que puede experimentar un deportista, pero la verdad es que tales son son propias de otros ámbitos, de la vida en general y del ser humano.

Sin duda alguna hay mucho por hacer en el mundo y en México específicamente para cuidar no solo la salud física, sino también la mental, pues es parte del bienestar integral de un individuo y de una sociedad.  La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) enlistan estos puntos clave del Programa de Salud Mental (SM) del 2013-2020:

  • “Los trastornos de salud mental aumentan el riesgo de otras enfermedades y contribuyen a lesiones no intencionales e intencionales.
  • La depresión es la principal posición entre los trastornos mentales, siendo dos veces más frecuente en mujeres que hombres. Entre el 10 y 15% de las mujeres en países industrializados y entre 20 y 40% de las mujeres en países en desarrollo, sufren de depresión durante el embarazo o el puerperio.
  • Los trastornos mentales y neurológicos en los adultos mayores, como la enfermedad de Alzheimer, otras demencias y la depresión, contribuyen significativamente a la carga de enfermedades no transmisibles. En las Américas, la prevalencia de demencia en los adultos mayores (más de 60 años) oscila entre 6,46 % y 8,48%. Las proyecciones indican que el número de personas con este trastorno se duplicará cada 20 años.
Imagen ”Mental Health” Freepik

  • Para los trastornos afectivos, de ansiedad y por consumo de sustancias en adultos, graves y moderados, la mediana de la brecha de tratamiento (diferencia entre el número de personas que presentan un trastorno y el número de personas que reciben la atención apropiada) es de 73,5% en la Región de las Américas, 47,2% en América del Norte y 77,9% en América Latina y el Caribe (ALC).
  • El gasto público mediano en salud mental en toda la Región es apenas un 2,0% del presupuesto de salud, y más del 60% de este dinero se destina a hospitales psiquiátricos”

Leyendo estos datos pareciera que no hay duda que la salud mental es real y que nos afecta a todas y todos, deportistas o no deportistas. De hecho, nos ha afectado más por la pandemia causada por el coronavirus, pero cuando estamos viendo un partido de tenis, o competencias de los Juegos Olímpicos en nuestra televisión, lo ignoramos.

Es cierto que no estamos acostumbrados a escuchar o hablar de estos temas, incluso se puede considerar que siguen siendo un tabú, pero empiezan a aparecer en los discursos, en los encabezados, en las noticias en nuestros celulares, platicamos de ello, e incluso tal vez nos identificamos.

La salud mental estuvo presente en los Juegos Olímpicos y resonó en la conversación pública, enseñándonos que algo tan privado como nuestra mente, no tiene por qué quedarse encerrada y sufrir, podemos hablar de ello.

Naomi Osaka escribió un artículo después de lo descrito en donde comentó: “Michael Phelps

me dijo que, por alzar la voz pude haber salvado una vida.”

Fuentes consultadas:

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