Racismo en México: Diversidad de colores

La paz no es solamente la ausencia de la guerra; mientras haya pobreza, racismo, discriminación y exclusión difícilmente podremos alcanzar un mundo de paz.”
Rigoberta Menchú

Por Ligia Aguilar

Con motivo de la polémica suscitada respecto a la existencia, propósito y funcionalidad del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), vale la pena hablar de la discriminación que se vive en México, especialmente del racismo.  Muchos dirían que en México no existe el racismo como tal, tal vez sólo clasismo o discriminación a secas. Lo que refleja precisamente que no es un tema del que se reflexione normalmente, pues pensamos que el término sólo aplica en países con más cantidad de personas afroamericanas o afrodescendientes, nada más.

Entonces, ¿qué es el racismo? La Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Raciales lo define en el Artículo 1 como “cualquier distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en la raza, color, descendencia u origen étnico o nacional, que tenga el propósito o efecto de invalidar o perjudicar el reconocimiento, goce o ejercicio, en situaciones iguales, de los derechos humanos y libertades fundamentales en el campo político, económico, social, cultural o cualquier otra área”.

Por lo que el racismo no sólo se refiere a la discriminación de personas afroamericanas o afrodescendientes, como algunos podrían pensar. No sólo sucede en el país vecino Estados Unidos de América, o en las películas y series que hemos visto. Lamentablemente pasa en nuestro país, ciudad, casa, escuela, trabajo, es más, probablemente todos hemos dicho alguna expresión racista, sin siquiera saber que es racismo.

Las y los mexicanos somos muy diversos, nuestra historia desde tiempos prehispánicos, coloniales y poscoloniales ha tenido una gran cantidad de cambios en todos los aspectos de la sociedad, y en términos raciales se vio reflejada una amplia diversidad. ¿Somos mestizos, indígenas, españoles? Si somos mestizos, ¿qué tan indígenas?, ¿qué tan españoles? o incluso ¿africanos? Sí, también hay afromexicanos y afrodescendientes en México.

Me parece que esta es una de las razones por las cuales no alcanzamos a distinguir el racismo, ni siquiera nos queda del todo claro “qué somos”, y por eso se desvanecen las líneas raciales. Pero lejos de ser algo bueno, “todos somos un poco de todo”, resulta lo contrario, pues con el simple hecho de ser un poquito más “españoles” que alguien, parece que nos da el derecho de creernos superiores, y ahí está justamente el racismo. Ya ni mencionar la invisibilidad en la que viven 10 millones de indígenas en México.

Entonces, ya queda claro que sí hay racismo en México ¿Cómo se refleja en números? La forma más inmediata de hacer diferencia entre mexicanos es por el aspecto físico, es lo primero que notamos de alguien, antes de empezar a interactuar. En México, tenemos toda una amplia gama de tonos de piel, así como todo tipo de expresiones y chistes al respecto.

En la educación, se puede apreciar que las tonalidades claras de color llegan a alcanzar más nivel de escolaridad, según la Encuesta Nacional de Discriminación (ENADIS) 2017.

Y en el aspecto laboral, ocurre algo similar. Las personas con colores de piel más oscuros ocupan menos puestos de funcionarios, directivos o jefes.

Estas gráficas nos hablan de una discriminación estructural, no sólo en la esfera de lo privado, sino en lo público, y que ha permeado en las instituciones. “Las características personales, como el tono de piel, se convierten en predictores de destinos socioeconómicos”, así lo concluye Alice Krozer en su artículo “Élites y racismo: el privilegio de ser blanco (en México), o cómo un rico reconoce a otro rico”.

En México siempre ha existido el racismo, pero poco se ha hablado del tema. Tienen que llegar otras voces a la palestra, voces con rostros a los que no estamos acostumbrados a ver en una pantalla o detrás de un micrófono, que no son comúnmente líderes de opinión o “influencers”. Cuando alguien lo hace, parece haber cierta resistencia, como en el caso de Yalitza Aparicio, quien recientemente escribió un artículo en el New York Times. Expresó que “por el hecho de no ver a tantas personas como tú representadas en los medios de comunicación no debes desalentarte. Más bien debemos pedir más representación y evitar la simplificación de nuestras culturas o de nuestras preocupaciones.”

Y así como Yalitza hay muchas más voces indígenas en las artes, academia, luchas sociales, etc. que merecen ser escuchadas y rostros que deben ser vistos, atravesando el racismo que silenciosamente y casi invisiblemente ha vivido entre nosotros.

Si deben o no existir organismos como CONAPRED, si está cumpliendo o no sus objetivos, o si más bien tiene que reformarse y ser más asertivo, son decisiones que no deben tomarse a la ligera, y mucho menos politizarse.

Porque antes que ser morenos o blancos, o más o menos “prietos”, somos mexicanos. Y antes que eso, somos seres humanos, y los derechos humanos deben ser garantizados para todos por igual.  

Fuentes consultadas:

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