La utopía de la educación

Por Óscar Cuevas

¿Escuela pública o privada? ¿Qué pasa con la educación en México? ¿Conseguiste trabajo después de salir de la universidad? ¿Existe discriminación laboral determinada por la escuela en la que estudias? Si te ha pasado, cuéntanos al final del texto 🙂

Las escuelas públicas según las más recientes encuestas y estudios son las que se encuentran dentro de las mejores en América Latina y en nuestro país. El 19 de Junio, el de 2014, el Economista evidenciaba lo anterior dicho: la Universidad Nacional Autónoma de México (U.N.A.M.), el Instituto Politécnico Nacional (I.P.N.) y la Universidad Autónoma Metropolitana (U.A.M.); ocuparon el primer, segundo y tercer puesto dentro de la clasificación de las universidades mexicanas.

Mientras que la única escuela privada que figura dentro de los primeros lugares es el Sistema Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (I.T.E.S.M.), que sin embargo tiene una calidad docente, según la encuesta, de 55.9 %; nada comparable al 100, 93.8 y 96,9% de la U.N.A.M., el I.P.N. y la U.A.M.; respectivamente.

Cifra que contrasta con la empleabilidad, en la cual la escuela privada lanza un sospechoso 100%, frente a un 94% de la Máxima Casa de Estudios, un 70.6% del Poli y un terrible 46.7 % de la Casa Abierta al Tiempo. Sin embargo, habría que considerar aquí lo ocurrido durante el sexenio de Calderón, que por un lado dejó a la educación mexicana, según la OCDE en su estudio del 2013, entre los últimos lugares; cosa que tuvo su principal razón de ser en el bajo nivel de inversión en la ciencia y la tecnología.

Y por otro lado permitió la creación de Institutos Técnicos, en los que la educación creativa pasa a segundo término y se privilegia el adiestramiento educativo. El pretexto es el mismo que se explica en el desplegado en donde el Politécnico decía el porqué del cambio en su reglamento interno, pues se buscaba responder a la demanda del mercado laboral mexicano.

Sin embargo, esta respuesta sigue al simple interés de mantener una clase alta privilegiada en detrimento de las demás. El problema en el cambio de enfoque que se pretende hacer dentro del politécnico obedece a la instauración de un sistema educativo carente de procesos reflexivos y largos alcances. Privilegiando así un sistema pedagógico que instaura la dominación desde la educación, haciendo eco de Althusser y Foucault.

Mientras el primero ponía énfasis en los aparatos ideológicos con los que cuenta el estado, haciendo hincapié en cómo la educación construye una deontología laboral que configura los comportamientos acríticos y serviles como parte trascendental del funcionamiento de la estructura jerárquica del poder estatal. El segundo, tiempo después, explica cómo, por medio de la microfísica del poder, aquellos espacios en donde se ejerce la dominación se han transformado a través del tiempo.

El problema de la educación en México se inserta en la estructura misma del sistema educativo que privilegia  la inmediatez y la prontitud en detrimento de la reflexión profunda de las problemáticas en los diversos campos de estudio. El analfabetismo funcional como objetivo. El trabajador acrítico y servil como producto. Y una ciencia al servicio del sistema neoliberal de producción capitalista que sigue exacerbando al objeto y minimizando al sujeto como completud.

La problemática del sistema educativo mexicano responde a una genealogía de la imbecilidad, en donde el conocimiento se le ha negado sistemáticamente a la población. La educación ha respondido más al adiestramiento doctrinal de la clase trabajadora mexicana que tiene que sacrificarlo todo por la empresa.

Ese ente social todopoderoso que domina las vidas privadas de sus empleados, ya que a pesar de las estructuras en red, la jerarquización no ha desaparecido sino que se difumina. “El ponerse la camiseta”, el “dejarlo todo por la empresa”, el “ser profesional”; son lugares comunes de la narrativa del buen trabajador, instaurados fuera de la oficina, que implementan en la cotidianidad el servil adoctrinamiento de los empleados acríticos en beneficio de una clase social que permanece dirigiendo las mismas organizaciones desde hace, por lo menos, setenta años.

El sistema educativo mexicano debe cambiar urgentemente, pero como siempre, no logrará hacerlo si los asalariados no se unen y organizan y promueven un nuevo sistema educativo nacional, que responda al mercado laboral, con la firme intención de transformarlo, re-inventarlo. Es urgente una reconfiguración de la educación que ponga como fin último de la formación del estudiante el descubrimiento de las potencias creativas del alumnado. La educación de la utopía como una herramienta utilizada por la pedagogía de la liberación.

@CuevasO33

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