Por Óscar Cuevas
La existencia de nuevos partidos políticos suele interpretarse como un síntoma de salud democrática. En principio, así debería ser. Toda democracia necesita nuevas organizaciones que representen intereses emergentes, renueven los liderazgos y obliguen a las fuerzas tradicionales a competir por mejores ideas. Sin embargo, existe una diferencia sustancial entre la aparición de un nuevo proyecto político y la reconstrucción periódica de una misma organización bajo distintas siglas. El nacimiento del partido PAZ obliga precisamente a discutir esa diferencia.
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