Dilma: crónica de la corrupción anunciada.

Hace unos meses el flamante mandatario del país en donde no pasa nada, @EPN comentó que en #México la corrupción era un problema endémico. Sin querer, el presidente de #México había mandado a una práctica deleznable a la esfera Ontológica. Según @EPN, la corrupción en #México está inserta en los huesos y en las acciones diarias de cada uno de las ciudadanas y los ciudadanos que habitamos este lugar del mundo.
Caso contrario fue el Guatemalteco, en donde se juzgó a Otto Pérez Molina y se le mandó a prisión por casos de corrupción. Nuestro vecino país dio una dura lección a nuestros diputados y senadores en términos de aplicación de la justicia. El otrora presidente ahora cumple una condena tras las rejas. La moraleja parece haber sido aprendida por distintos órganos internacionales.

El primero en dar el paso fue la FIFA, en donde varios de sus ex dirigentes enfrentan ahora procesos relacionados con la corrupción. Posteriormente, una investigación realizada por The International Consortium of Investigative Journalists, llamada Panamá Papers evidenció que la corrupción no era cosa de un pequeño grupo político o un grupo de empresarios, ni tampoco un fenómeno conductual privativo de Latino América.
Esta ola en contra de la corrupción pareció llegar a Brasil como un tsunami que buscaba ahogar a la presidenta Dilma Rousseff. El 12 de mayo de 2016 quedará en la historia brasileña como el día en que la presidencia cayó ante la corrupción y los arreglos en lo oscurito. Y no solamente la presidencia de Brasil, sino estado de derecho.

Coincido completamente con el Comité Directivo y la Secretaría Ejecutiva de CLACSO, quienes en su comunicado del día 28 de marzo de 2016, afirman que
“Toda acción de combate a la corrupción debe ser realizada dentro de los límites legales y como parte del proceso de perfeccionamiento de las instituciones democráticas, no de su mayor deterioro.

Hoy, en Brasil, los principios que deben guiar el ejercicio de la justicia en una democracia republicana han sido maculados por recursos arbitrarios y selectivos producto de discrecionales actos de la autoridad judicial, los que se expresan en filtraciones periodísticas y operaciones policiales divulgadas por algunos medios de comunicación como despreciable recurso de linchamiento mediático, creando factoides políticos dirigidos exclusivamente al Partido de los Trabajadores y al gobierno de la presidenta Dilma Rousseff.”

Si bien debemos aceptar que los medios masivos de comunicación en sí mismos no son capaces de alterar el sentido de la realidad, son instrumentos muy eficaces para dañar el prestigio y la reputación de personajes públicos; y sobre todo, de gobernantes y personas servidoras públicas. El juicio político realizado a la ahora ex presidenta brasileña demuestra varios rasgos de la clase política latinoamericana: un narcisismo anquilosado, un revanchismo ridículo y un mirreyismo posmoderno; que han venido insertándose en la manera de hacer política en Latino América.

Lo sucedido el día de hoy en Brasil no es un acto contra la corrupción, sino un ejercicio de teatralidad política para intentar justificar y legitimar un movimiento sectario y revanchista, que lejos de combatir la corrupción, la enaltece y practica cotidianamente. Pues como lo afirma el País , el 60% de los senadores que juzgaron a la otrora presidenta amazónica enfrentan causas en la justicia, mientras que el 54% de los diputados está en la misma situación.

La legalidad y el estado de derecho se fueron al carajo en Brasil después de 21 horas casi ininterrumpidas, cuando el Senado aprobó la destitución de Rousseff con un contundente 55 a favor y 22 en contra. El vicepresidente del país, Michel Temer, líder del Partido Democrático do Movimento Brasileiro (PMDB), asumirá inmediatamente después la jefatura del Estado.

Ha quedada probada una vez más la escasa voluntad de los gobernantes brasileños por sustentar el ejercicio del gobierno en la legitimidad, la legalidad, la rendición de cuentas y el gobierno abierto. Como ya lo ha hecho el Comité Directivo y la Secretaría Ejecutiva de CLACSO, “hacemos aquí un llamado a la solidaridad y al apoyo de la comunidad latinoamericana para garantizar en Brasil la democracia y el estado democrático de derecho, conquistados en las últimas décadas.”

 

 

Por Óscar Cuevas

@CuevasO33

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