Por Lic. Ma. Concepción García de la Rosa
Mira tu teléfono por un segundo. Siente la textura del vidrio frío bajo la yema de tus dedos. Escucha el zumbido casi imperceptible de las notificaciones que compiten por capturar tu atención. En este preciso instante, miles de líneas de código invisibles están prediciendo tu próximo deseo, archivando tus clics y transformando tus emociones en un activo financiero.
Seguir leyendo