Por Óscar Cuevas
Las democracias competitivas requieren algo más que elecciones periódicas. Necesitan alternativas políticas capaces de representar intereses sociales diversos, renovar las élites gobernantes y ofrecer opciones reales a los ciudadanos. En ese sentido, la aparición de nuevos partidos políticos no constituye una anomalía del sistema democrático mexicano, sino una de sus expresiones más saludables.
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