Por Charles Gnomosky
El Príncipe de las Tinieblas ha partido y nos ha dejado un legado para la posteridad. Una era terminó en la historia de la música. Discos y canciones que marcaron generaciones y definirían a todo un género.
Ozzy Osbourne, junto con sus compañeros y amigos (Tony Iommi-guitarra, Geezer Butler-bajo y Bill Ward-batería), hace más de 50 años en Birmingham, Inglaterra; crearon una de las bandas más influyentes de todos los tiempos con un sonido oscuro y distorsionado: Black Sabbath. Ozzy, con su forma extravagante, sus letras oscuras y su voz tan particular, construyeron un personaje mítico y una figura central durante más de cinco décadas en el mundo del heavy metal.
Después de varios años con problemas de salud y complicaciones por el Parkinson de Ozzy, fue anunciado el último show: “Back to the Beginning”, un concierto único e irrepetible el cual se celebró el pasado 5 de julio en el estadio de Villa Park de Aston, Birmingham, con la presencia de amigos músicos e infinidad de bandas invitadas influenciadas por el sonido de Ozzy y Sabbath.
Una despedida anunciada pero el público se negaba aceptarlo. Una última misa negra, no por dinero, no por fama, ni por gloria, sino por mera gratitud a todos los fans de todo el mundo.
Ver y escuchar a la alineación original de Black Sabbath (que no se reunía desde 2005 en el OzzFest), no sólo es un acto de nostalgia, sino una celebración de la vida, de la música y del metal como expresión cultural y humana tan necesaria en estos tiempos. Una despedida con dignidad.
No podemos hablar de Ozzy sin Sharon Osbourne, quien fue partícipe directa de su legado. Ella estuvo en las diferentes etapas de Ozzy. Conoció al hombre y sus demonios dentro y fuera de los escenarios. Lo ayudó a levantarse de las caídas más estrepitosas del Príncipe de las Tinieblas y siguió siempre firme junto a él.
Con la partida de Ozzy Osbourne no sólo acaba una era de la música y del metal, sino una forma de estar en el mundo. La música como resistencia ante los embates de la vida.
Al escribir esto suena de fondo Paranoid, última canción interpretada en el último concierto de Black Sabbath. En cuántos dispositivos, discos, vinilos, fiestas, bares y noches de juerga seguirá sonando la voz de Ozzy con unas cervezas y amigos de compañía.
No queda más que la admiración y respeto en estos momentos por esos seres de más de 70 años arriba de un escenario haciendo lo que más aman: música como cuando eran jóvenes.
Honor a quien honor merecer, no olvidaremos al Príncipe de las Tinieblas. Tú te vas, tu música se queda para siempre. Sólo queda decir: buen viaje Ozzy.

