Cuando despertó, el virus todavía estaba allí

Por Charles Gnomosky

Un año y medio del Gran Encierro. Las actividades económicas abren, cierran, abren, cierran. El contacto físico que en una gran urbe podría llegar a molestar, se extraña. Como los conciertos o los abrazos. Sigue leyendo esta reflexión y déjanos tu experiencia al final del texto

Pandemia, normalidad, nueva normalidad, virus, coronavirus, vacuna, semáforo rojo, semáforo naranja. Todas estas palabras (y más) se han vuelto una constante en el imaginario social de nuestro país y en particular de nuestra ciudad a raíz del COVID-19.


Más de un año y cinco meses desde que inició esta pandemia en el mundo y seguimos aprendiendo, reaprendiendo y desaprendiendo de este acontecimiento. Pérdidas de seres queridos, estrés, dudas, incertidumbre y cambios drásticos en las dinámicas de convivencia.


Continuamos nuestra vida, nuestras actividades. Salir a la calle, subirse al metro o al transporte público, ir a trabajar. Nada ha cambiado o muy poco. Ya lo decía el filósofo español Fernando Savater, “somos lo mismo, pero un poco peor”.

Photo by Maksim Goncharenok on Pexels.com


Seguimos viviendo y muchos sobreviviendo. Prácticamente una tercera ola de contagios en todo el país, pero el regreso a clases está a la vuelta de la esquina. Pareciera que no hemos aprendido nada o casi nada de este acontecimiento.


Eso nos hace preguntarnos: ¿Qué hemos hecho? ¿Qué no hemos sabido hacer? ¿Qué deberías de dejar de hacer?
Todas estas respuestas siempre serán difíciles de contestar, cada uno desde su trinchera sabrá si ha cambiado o deberíamos de cambiar. Lo que es innegable es una transformación en todos los ámbitos de la vida. Esta “nueva normalidad” ya es la normalidad.


En muchos espacios es inevitable regresar a resguardarnos, la economía y el temple de la ciudadanía no lo soportaría. Para muchos otros, tendremos que esperar un poco más para regresar a las actividades presenciales, para muchos otros, ese camino nunca regresara.


Lo que es cierto, es que, para todos, después de este sueño extraño y complicado de la propia realidad, nos daremos cuenta, cuando despertemos, que el virus todavía estaba allí.

Puntuación: 2 de 5.

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